Los bonos convertibles en acciones son un producto financiero complejo, un híbrido entre los bonos simples (renta fija) y las acciones (renta variable). Se han puesto de moda porque se han colocado al ahorrador minorista, que muchas veces no ha entendido exactamente lo que contrataba.

Uno de los casos que va a traer más polémica, por la notoriedad de la entidad financiera y el volumen de títulos contratados, es el de los denominados Valores Santander, que vencen el 4 de Octubre de 2012 y no son más que bonos necesariamente convertibles en acciones. Sin embargo otras entidades han colocado este producto complejo al ahorrador tradicional, bien para captar recursos en lugar de usar los depósitos a plazo fijo tradicionales o bien como alternativa de canje a las perpetuas participaciones preferentes.

¿Qué es un bono simple?

Un bono bancario simple es un título de renta fija emitido por una entidad financiera (se endeuda) que ofrece unos pagos periódicos conocidos desde el principio al inversor (llamados cupones), con un vencimiento determinado. Si el comprador quiere vender para obtener liquidez, podría asumir pérdidas según la cotización del bono en el mercado secundario.

En cierta manera se parece mucho al funcionamiento de los depósitos bancarios, si bien son más arriesgados al no contar con la garantía del Fondo de Garantía de Depósitos.

Bonos y acciones

Los bonos convertibles en acciones

Los bonos convertibles en una primera fase se comportan igual que un bono simple, sin embargo en el contrato se estipula la posibilidad u obligatoriedad de conversión del bono en acciones en un determinado momento.

El titular del bono convertible (el ahorrador que ha invertido en el producto) tiene el derecho de convertir el producto por un número determinado de acciones del emisor en aquellos períodos denominados "cancelables". Si la rentabilidad asociada a la acción del emisor es menor que la del bono, el titular mantendrá el bono en su poder mientras que si es mayor, convertirá el bono por el número de acciones acordadas en el contrato. También es frecuente que el titular tenga el derecho de vender el bono al emisor en una fecha determinada por una cantidad fija.

En algunos casos, el emisor del bono (la entidad financiera en el caso comentado) tiene el derecho de obligar al titular a convertir el bono en caso de que el precio de su acción en bolsa supere cierto valor. Este privilegio del emisor de recomprar el convertible es una forma de limitar su riesgo y sólo puede ejercerse en los denominados períodos de "conversión forzosa".

El el caso de los bonos necesariamente convertibles en acciones, como el de los antiguos Valores Santander, se pacta una fecha límite en que el titular está obligado a convertir sus bonos en acciones, a un precio pactado al inicio del contrato. El problema es que este precio acordado sea mayor que la cotización del momento de conversión (como pasará con las acciones del Banco Santander), ya que el inversor perderá dinero en la conversión (compra más caro las acciones de lo que realmente valen).

Lo que tiene que tener en mente el ahorrador que se plantea adquirir bonos convertibles es que no es un producto de renta fija sin más, indirectamente acaba siendo una inversión en Bolsa en toda regla.

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Director editorial de iAhorro

Economista especializado en productos financieros, autor del libro La banca culpable y divulgador de economía en medios de comunicación.

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