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Cómo diseñar una cartera de inversión para los hijos

Ahorra a largo plazo para que tus hijos tengan un buen futuro.


Ofrecer a tus hijos la posibilidad de disponer de un dinero ahorrado por nosotros mismos durante sus años de infancia es un regalo de valor incalculable. Como padres estaremos seguros de que ellos tendrán un colchón más o menos abultado y que no saltarán al vacío de la vida laboral sin red. Diseñar una cartera de inversión para nuestros hijos es algo que, si se puede mantener, les dará una alegría cuando cumplan la mayoría de edad (y a nosotros nos dará un respiro).

Ahora bien, ¿dónde metemos el dinero? ¿Cómo ahorramos? ¿Seremos capaces de mantener un ahorro constante y continuo durante 10, 15, 18, 25 años? Para muchas personas no será posible, o bien tendrán que elegir entre ahorrar para su jubilación o ahorrar para sus hijos. Pero si te decides a diseñar una cartera de inversión para ellos, estas son las claves principales.

Ni depósitos, ni capital inmobiliario. Lo que se "lleva" hoy en día es la renta variable porque es la única manera de sacar una cierta rentabilidad, siempre y cuando pensemos a muy largo plazo. Si nos paramos a pensar en las diferentes estrategias de ahorro asociadas al riesgo o, mejor dicho, a nuestro perfil inversor, cuanto más jóvenes, más riesgos podemos asumir.

Traduciendo esto al plan de ahorro mediante inversiones para nuestros hijos, deberíamos dedicar un porcentaje más alto de las inversiones a la renta variable. Como se trata de un plan a muy largo plazo, tenemos margen de maniobra si de repente la rentabilidad cae demasiado. Por eso es interesante informarse acerca de buenas carteras bien diversificadas, pero enfocadas en la renta variable, al menos durante los primeros años.

Invierte en macrotendencias a largo plazo

Un consejo que puedes encontrar hoy en muchos lugares es que merece la pena invertir en productos de inversión que saquen rendimiento de macrotendencias a largo plazo, o lo que es lo mismo: tendencias que no vayan a cambiar en muchos años. Por ejemplo, las nuevas tecnologías (aunque este es un concepto demasiado amplio y habría que precisar exactamente en qué tecnologías invertir), todo lo relacionado con el envejecimiento de la población, el aumento de la esperanza de vida o sectores relacionados con el aumento de la población mundial en cualquier ámbito.

Dependiendo del momento en que comencemos el ahorro, así debemos configurar la cartera. No es lo mismo empezar a ahorrar cuando los hijos tienen tres años o menos, que hacerlo cundo cumplen 16. Un objetivo razonable en el que fijarse sería conseguir rentabilidades cercanas al 7% anual para plazos en torno a los 18 años. Eso, claro, es teórico y depende del riesgo que estemos dispuestos a asumir. Sea como sea, invirtiendo con cabeza superaremos con holgura la mínima rentabilidad de una cuenta de ahorro infantil.

Como decíamos, si empezamos con la cartera de inversión antes de los 3 años, la mejor opción es que sea totalmente una cartera de renta variable con una importante parte destinada a mercados emergentes (bolsa). Si empezamos algo más tarde, digamos a los seis, siete ocho años, es buena idea reducir el porcentaje de bolsa para incluir productos mixtos agresivos. Un 80-20 sería adecuado.

Cuantos más años pasen antes de empezar con esta estrategia de inversión, más variará la configuración de la cartera. A medida que crecen los hijos y se aproxima una teórica edad de emancipación (aunque ya sabemos que muchos no se independizan hasta casi la treintena), habría que jugar con la renta variable mezclada con productos mixtos y de gestión alternativa, confiando que llegará un momento en que podremos transferirles la cartera y que ellos mismos la gestionen.

Con respecto a esta gestión, si bien es posible que uno mismo se encargue de la misma, contar con un experto que se encargue de asesorarnos y guiarnos tomando decisiones correctas. Vale la pena cuando se trata del ahorro para un futuro mejor para nuestros hijos.