Requisitos para solicitar un crédito de coche

Solvencia y estabilidad, garantías para el banco

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Hace algunos años era posible acercarse a un banco y obtener sin muchos problemas un crédito para financiar un viaje, una celebración especial o casi cualquier proyecto personal que se tuviese en mente.
La crisis financiera ha provocado que esta realidad quede ya muy lejos. A día de hoy, los bancos no se arriesgan a perder su dinero y cualquier indicio de que no somos los clientes ideales nos alejará un poco más de la concesión del préstamo que necesitamos.
Existen empresas que se dedican en exclusiva a conceder créditos que pueden exigir unos requisitos algo menores, pero en cualquier caso una cierta solvencia por nuestra parte siempre va a ser necesaria.
Dicho esto, también es cierto que reunir una serie de características nos facilitará las cosas a la hora de enfrentarnos a una entidad. ¿Qué tipo de persona es la idónea para conseguir un crédito?

Solvencia y estabilidad, garantías para el banco


En primer lugar, para ofrecer confianza a un banco tenemos que estar seguros de que todos nuestros pagos están al día. Si estamos incluidos en algún registro de morosidad, como puede ser ASNEF, tenemos muy poco que hacer para conseguir la financiación.
Si, por el contrario, desde siempre hemos sabido gestionar nuestro dinero de la manera correcta y en nuestro historial financiero no hay impagos o movimientos que puedan hacer desconfiar al banco, tenemos mucho ganado. Hacernos ver como un cliente responsable y solvente es una apuesta segura, ya que le hará a saber a la entidad que tiene muy pocas posibilidades de perder el dinero si elige prestárnoslo a nosotros.
También podemos aportar solvencia y estabilidad si contamos con un trabajo desde hace tiempo y un contrato indefinido. Unos ingresos importantes y regulares se traducen en mayores posibilidades de que el cliente devuelva el dinero sin problemas y en el tiempo establecido. Ésta es la razón de que los funcionarios obtengan por norma general mejores hipotecas y otros préstamos de una manera mucho más sencilla: las escasas probabilidades de quedarse sin trabajo los convierten, sobre todo si además sus ingresos son elevados, en los clientes perfectos para este tipo de productos.
Tratar de conseguir el dinero en la entidad en la que tenemos contratados la mayoría del resto de productos financieros (cuentas nómina, hipoteca, seguros) también facilita la concesión del crédito. De esta forma, el banco puede comprobar de primera mano cómo ha sido nuestro pasado en cuanto a la relación con nuestros pagos y ahorros. Si no hemos tenido problemas con anterioridad, es probable que se nos vea como un cliente de confianza.
Por otra parte, muchas entidades van a pedir como requisito la vinculación mediante el contrato de algunos de sus productos. Si ya los tenemos contratados, nos ahorraremos ese gasto.
Por su parte, un aval puede actuar como garantía ante el banco en el caso en que lo que podemos ofrecer nosotros mismos sea insuficiente o se requiera una garantía adicional. Cuanto mayor sea la cantidad que esperamos conseguir con nuestro crédito, más posibilidades habrá de que aportar un avalista o una hipoteca, por ejemplo, sea necesario. De hecho, en los préstamos de mayor cuantía suele ser un requisito habitual.
Y, ¿qué podemos esperar si somos nosotros la segunda garantía de algún solicitante de crédito? El avalista deberá responder con todos sus bienes presentes y futuros en caso de impago del préstamo, por lo que antes de ofrecernos a avalar a alguien, lo mejor es estudiar su situación y comprobar que realmente está en situación de saldar su deuda en el tiempo estimado.
Aunque conseguir un crédito sea una tarea cada vez más complicada, si cumplimos conciertos requisitos, nos será más fácil acceder a este tipo de financiación sin mayores problemas.