Cómo prepararse económicamente para el otoño


Se acabó el verano, ya estamos en otoño, hemos dejado las vacaciones y empezado con la vuelta al colegio, la rutina y con ello puesta la vista en que nos deparará  los próximos meses. Este verano ha servido para despejar algunos nubarrones muy peligrosos, pero tenemos otros que no se van e incluso nuevas tormentas.

Por el lado bueno, las tensiones sobre nuestra deuda que amenazaban fuertemente nuestra economía han disminuido bastante, las emisiones del Tesoro son cubiertas sin problema y a tipos más bajos, es decir, que de nuestros impuestos saldrán menos euros para financiar nuestro déficit.

Uno que no se va y otro que viene

El que no se va y sigue siendo el principal problema es el paro, tras los malos datos de agosto, se teme un otoño muy malo tras el final del empleo veraniego y sin ningún motor de creación de empleo en el corto plazo. El que viene pisando fuerza, la inflación, hemos pasado de temer la deflación a todo lo contrario: subida del IVA, nuevo anuncio de alza del precio de la electricidad (en invierno que es cuando más se consume energía) y las grandes cadenas que ya por mucha marca blanca que haya, ven agotado sus márgenes de bajar precios, con riesgo de estrangularse ellos mismos.

¿Qué  hacer el ciudadano de a pie?

No hay familia tipo financieramente, pero si ciertas prácticas que pueden ayudarnos a sobrepasar otra temporada llena de incertidumbres. Lo primero comparar tanto a la hora de gastar o financiarnos como a la hora de elegir donde depositar nuestros ahorros o nuestra nómina y que el resultado sea pagar menos e ingresar más.

Siempre debemos intentar rentabilizar nuestros ahorros, por pequeños que sean, y las nuevas ofertas de cuentas remuneradas por su liquidez inmediata son instrumentos muy adecuados para mover nuestro dinero.

Pero en coyunturas como la actual amortizar parcial o totalmente deudas también es interesante, siempre que el pago de estas cantidades no suponga eliminar un “fondo de contingencia” que siempre es recomendable tener y que en caso de necesidad por la restricción del crédito es más difícil conseguir.  Lo más rentable es intentar disminuir saldos pendientes en tarjetas de crédito, el producto por el que pagamos más intereses. En el caso de hipotecas, con tipos de interés bajos (aunque subiendo lentamente) ir adelantando capital nos permite un colchón en nuestras cuotas para cuando los tipos suban.

Pero ante todo, llevar un control adecuado de nuestras cuentas para evitar sustos inesperados y sacar el máximo provecho a nuestros ahorros.

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