Crisis islandesa vs crisis española: ¿son comparables?

España no es Islandia

102_0828


Recientemente se ha conocido la noticia de que Islandia ha abandonado la senda de la crisis iniciando un crecimiento sostenido que dura ya casi dos años. No han faltado voces que, aprovechando la noticia, alabasen la decisión que marcó el camino recorrido por esta nación en su particular salida de la crisis. Estas son las mismas voces que clamaron por que en España se hubiera optado por la misma decisión, es decir: que el gobierno no hubiera apoyado a los bancos en su hundimiento financiero y los hubiera dejado quebrar tal y como hizo el gobierno islandés. Curiosamente, este es el fundamento mas visceral del capitalismo: que las empresas y los individuos sean responsables hasta sus últimas consecuencias tanto de las buenas, como de las malas decisiones y, sin embargo, este fue el argumento mas demandado por la izquierda más radical (y mas desinformada, todo hay que decirlo): si los bancos han errado, que los bancos sufran las consecuencias en solitario.


Así pues, la caída y la gestión de la crisis en Islandia, lleva camino de convertirse en una historia legendaria acerca de cómo un pequeño, pero aguerrido pueblo descendiente de los no menos legendarios vikingos, se enfrentó al todopoderoso sistema financiero internacional, encabezado por el maléfico FMI, a los que venció, comenzando ahora a atisbar las perdices que auguran el final feliz.

España no es Islandia


Y todos giran entonces la cabeza hacia España y preguntan ¿porqué nosotros no hicimos lo mismo?

Sin embargo, antes deberíamos preguntarnos porqué Islandia lo hizo de esta manera. La respuesta es sencilla: porque no tuvo más remedio. Los tres bancos islandeses protagonistas del desastre que acarreó su desaparición se habían dedicado a pedir prestado en el exterior para prestar a los locales indexando capital e intereses en divisas extranjeras. Solo años más tarde se decidió que esto era ilegal, con el país sumido prácticamente en la bancarrota.

La rapacidad de los bancos se encargó, no solo de comercializar con notable éxito estos créditos, sino además de no informar debidamente a sus clientes su deuda se multiplicaría si la corona islandesa se devaluaba, como realmente ocurrió.

Cuando la burbuja estalló, la corona se desplomó al 50% de su valor inicial, como consecuencia, economías domésticas y empresas se vieron con unas deudas agigantadas, dependiendo de la divisa de referencia de su crédito y los bancos con un agujero varias veces superior al PIB del país, lo que imposibilitaba el rescate. Como consecuencia, el gobierno del país cayó y los principales políticos responsables, así como los directivos de los bancos afectados fueron demandados y llevados a juicio.

La solución de separar la división internacional de los bancos para dejarla quebrar y la división nacional para reconvertirla en otros bancos y reflotarla fue la que tomó el nuevo gobierno islandés ante la imposibilidad de poder hacer frente a los compromisos internacionales adquiridos por sus bancos quebrados, lo que generó una notable tensión, sobre todo con Gran Bretaña, la más afectada. Sin embargo, recientemente, una sentencia de la EFTA, avalada por la Comisión Europea, exonera a Islandia del pago de una deuda de 3.900 millones de euros a Holanda y Gran Bretaña por un crédito a uno de estos bancos.

El ciudadano islandés acabará pagando


Aun así, la decisión de este gobierno de protegerse de la rapacidad financiera extranjera no ha sido la solución a los problemas de estos ciudadanos. Son ellos en realidad (como siempre sucede) los que pagarán las consecuencias de esta crisis en su país ya que los créditos contraídos por familias y empresas, indexados como estaban a divisas extranjeras por su menor tipo de interés, con la devaluación primero y con la declaración de ilegalidad de esta indexación después (lo que provocó el recálculo a intereses nacionales mucho más altos y actualizados con el IPC), multiplicaron su deuda, amenazando con ahogar toda la economía Islandesa.

Han sido tres años de crisis profunda en Islandia, tras los cuales se empieza a ver la luz gracias a su relativa independencia energética, su moneda devaluable y su poca población en relación a sus recursos naturales, lo que sitúa la economía islandesa muy alejada de cualquier tipo de comparación con la española.

Y aún así, el partido político bajo cuyo gobierno ocurrió todo, con alguno de sus políticos procesados y condenados, ganó las últimas elecciones, debido tanto a errores de bulto del gobierno saliente (como empeñarse en entrar en Europa), como a las afirmaciones del partido entrante, amenazando con la devolución de los créditos al extranjero si se entra en Europa.

Un ejemplo más de la falta de memoria de una población a la que aún no se parece haber castigado bastante. Y esto sí que me resulta muy familiar.