Descuento de pagarés por peloteo

Veamos un ejemplo sobre el descuento de pagarés

descuento-de-pagares-por-peloteoVamos a crear dinero sin tenerlo. Sí, sí, no crean que estoy loco, quizás algo anticuado porque esta práctica por suerte cada vez se realiza menos, pero voy a intentar explicarles cómo hace unos años, cuando “todo iba bien”, se movían grandes cantidades de dinero sin que nunca existiera y, lo más gracioso, con el consentimiento de los empleados de la oficina.

Veamos un ejemplo sobre el descuento de pagarés

Imaginemos que tengo una empresa de transportes de mercancías por carretera llamada Rápido y Ligero SL. He ganado dinero, mucho dinero en los últimos años, tanto que mi nivel de vida se ha encarecido enormemente.

Mantener dos coches de alta gama, una buena casa, el piso en la playa, la moto de mi hija y el caballo de mi hijo no sale gratis. Pero lamentablemente en la actualidad mi empresa no va bien: el alto precio de la gasolina, los peajes más caros, el coste de mis empleados, los precios de venta por mis servicios por los suelos, una cartera de clientes de dudoso cobro, más impuestos, etc. Todo eso me asfixia.

Digamos que desde hace un par de años, lo que parecía que iba a ser el negocio de mi vida ahora es un callejón sin salida. Para llegar a fin de mes tengo que hacer encaje de bolillos y, aún así, hay veces que ni llego.

Resulta que después de dedicar horas y horas a mi negocio y darle vueltas a la cabeza para intentar buscar un rayo de luz entre tanta oscuridad, llega el final del trimestre y me asusto. A los gastos comunes de personal, combustible, etc., hay que añadir el pago de los impuestos trimestrales y no sé a dónde acudir.

“Trabajo hay poco y encima los clientes que me deben dinero no me pagan”, repito una y otra vez. La desesperación aumenta, pero mi ego (tan perjudicial en el mundo de los negocios) me ciega completamente y no me permite dar unos pasitos atrás en mi nivel de vida para coger impulso y tirar para adelante.

Entre la competencia de la zona, se encuentra mi amigo Antonio, que también se dedica al transporte de mercancías. Él, al igual que yo, está que no puede: “¡Esto está para no trabajar!”, me grita por teléfono casi a diario. Una mañana tomando café con él, le dije: “Antonio si no tenemos trabajo y no cobramos, hagamos como que lo tenemos y cobremos”. “¿Cómo?”, preguntaba Antonio asombrado. “Amigo mío, atento a la jugada y no te quedes fuera de juego”. Y así pasé a explicarle cómo crear dinero donde no lo hay.

Explicación paso a paso

Paso 1: Antonio me hace un pagaré con vencimiento, por ejemplo, el próximo día 20 del mes que viene; pagaré que yo iré a negociar (anticipar el importe del mismo antes del vencimiento) a mi banco. Hasta aquí todo correcto. El empleado de la oficina me pregunta a qué corresponde este cobro, que lo justifique, y yo le digo que es el importe de una factura por un servicio de transporte que le hice a la empresa de Antonio en un momento en el que éste tenía los camiones averiados, por ejemplo. El banco me anticipa el dinero, el banco se cobra las respectivas comisiones e intereses por este anticipo y todos contentos.

Paso 2: Antonio hace la misma operación en su banco pero en este caso con un pagaré que yo le doy por el mismo importe y mismo vencimiento. Misma pregunta del empleado de la oficina, misma respuesta del cliente (Antonio) y mismo resultado: anticipo del dinero para mi amigo y cobro de comisiones e intereses por el banco. Todos contentos. Resulta que sin darnos cuenta, ambos tenemos dinero con el que poder afrontar los pagos de impuestos, personal, proveedores e incluso tomarnos unas cervezas en el bar que está justo enfrente del banco. Además, sobre las 15.30h sale el director de la oficina y voy a invitarle con mi dinero, porque él es mi amigo.

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Pero sin que nos demos cuenta pasa el mes con más pena que gloria. Seguimos sin tener trabajo y llega el día 20, día en el que me llaman bien temprano de mi banco diciéndome que tengo un pagaré pendiente de cargar en mi cuenta pero que no hay saldo. “¡Cómo lo va ha haber!”, pienso yo, “¡si a penas he movido los camiones en todo el mes!”. Como loco, Antonio me llama contándome lo mismo, “Me han llamado del banco porque tienen que atender hoy el pago del pagaré. ¿Qué hacemos?”, me dice asustado. “No te preocupes, realicemos la misma jugada”.

Paso 3: Antonio me hace un nuevo pagaré con vencimiento el día 20, pero ahora dentro de dos meses, para no agobiarnos tanto. Además, para no llamar la atención, lo hacemos por importe de aproximadamente el doble del anterior. De esa manera no vamos tan ajustados. Yo voy a mi banco a negociar (anticipar) el pagaré que me ha dado mi amigo. El banco me pregunta la justificación, se cobra las comisiones e intereses y el resto del dinero me lo ingresan en la cuenta. Pago el vencimiento anterior y me sobra dinero para tirar un par de meses. Otra vez todos contentos.

Paso 4: Yo le doy un nuevo pagaré del mismo importe y vencimiento a Antonio y éste hará lo mismo, es decir, irá a su banco a negociarlo. El banco se cobra las comisiones e intereses y, con el resto, Antonio paga el vencimiento y tiene para aguantar dos meses más.

Y así nos podemos llevar toda una vida. ¿Fácil verdad? Hemos creado dinero de la nada y sin necesidad de estudiar un Máster. Pero en la vida siempre vienen problemas y un día todo se vuelve del revés.

El director de la oficina recibe una llamada del departamento de auditoría de su banco dándole un toque de atención, y éste, asustado por la llamada, me dice: “Jesús, dentro de unos días vence el pagaré que te anticipamos y tienes que atenderlo, pero tienes que traerme dinero en efectivo o un pagaré de otro cliente porque si no, no lo podemos negociar”.

Mi amigo el director me está poniendo las cosas difíciles. “¡Eso no se le hace a un amigo!”, pienso. Y llega el día del vencimiento y ni Antonio ni yo tenemos dinero para atender los pagos, su cuenta y la mía entran en negativo, nos cobran intereses y comisiones por ello y todo se vuelve a poner cuesta arriba.

Esta mala práctica, permitida por los bancos aún sabiendo que no tenía justificación real, suele denominarse descuento por peloteo y ha sido muy habitual en los tiempos en los que nos creíamos ricos.

El banco miraba hacia otro lado y ponía la mano para cobrar suculentas comisiones e intereses, colaborando de manera activa a inflar la pelota de riqueza irreal en la que estábamos todos inmersos. Así nos ha ido y así nos va. La avaricia rompe el saco. Un poco de sentido común, por favor.

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