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Envejecimiento y pensiones, ¿cómo nos afecta?

La longevidad como factor fundamental en el sistema de pensiones

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España envejece y continuará haciéndolo. Así lo afirma un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), según el cual en 2050 habrá en nuestro país 76 personas mayores de 65 años por cada 100 de entre 20 y 64, frente a las 30 que hay en la actualidad. Según las previsiones, en los próximos 35 años el porcentaje de personas mayores de 65 años, en relación con las que están en edad de trabajar, será el segundo más alto de los países de la OCDE, sólo por detrás de Japón.

Estos datos, junto con el elevado nivel de desempleo tras la crisis económica y la baja tasa de natalidad, hacen cuestionarse la estabilidad y garantía del sistema público de pensiones de nuestro país en el futuro, lo que conlleva a sopesar firmemente la opción de un plan de pensiones privado.

 

¿Qué ocurre con las pensiones?


Según el artículo de José A. Herce, “El impacto del envejecimiento de la población en España” (2016), en general, “puede aceptarse que una sociedad en la que la longevidad no aumenta pero la natalidad disminuye está abocada a un proceso de envejecimiento mucho más marcado que una sociedad en la que, además, la longevidad aumenta. Ello es así porque la creciente longevidad es el resultado de una mejora en las condiciones de salud y vida de los individuos a lo largo de su ciclo vital”. Estos factores de longevidad y envejecimiento de la población influyeron en el planteamiento de las reformas del sistema de pensiones aprobadas en 2013 por el Gobierno.

Los cambios legislativos se acentúan en este 2018. Desde el 1 de enero, la edad ordinaria de retiro aumenta hasta los 65 años y seis meses, aunque pueden seguir jubilándose a los 65 aquellos que hayan cotizado al menos durante 36 años y seis meses. En cualquier caso, para hacer el cálculo de la pensión se computan los últimos 21 años cotizados.

Para el próximo año, además, habrá que tener en cuenta el denominado factor de sostenibilidad, que supondrá una reducción del importe de las pensiones del 4% cada diez años de manera acumulativa, es decir, se aplicará un recorte proporcional al crecimiento de la esperanza de vida de los últimos cinco años.

 

Planes de pensiones financiados


Ante este panorama, la opción de contratar un plan de pensiones privado se tiene en mayor consideración. La OCDE reconoce que los planes de pensiones financiados “constituyen cada vez más un complemento de los ingresos de jubilación provenientes de fuentes públicas”, en particular los de aportaciones definidas.

No obstante, y como se desprende del texto de Herce en relación al problema de longevidad y suficiencia en planes de pensiones privados, “los capitales acumulados hasta la jubilación por los trabajadores pueden sufrir riesgos financieros y, sobre todo, porque vidas más largas, dado el capital y su rentabilidad, suponen rentas vitalicias (mensuales) menores”. Por ello, conviene informarse y comparar exhaustivamente las condiciones de los productos ofrecidos por los bancos.

Por ejemplo, Mediolanum Pensiones Bonus, un servicio de Banco Mediolanum, ofrece la adaptación del perfil de riesgo de la inversión según avanza la edad del cliente, es decir, se va desplazando el peso de la inversión de la renta variable a la renta fija y los activos monetarios a medida que se acerque a la edad de jubilación. Este servicio combina tres planes de pensiones: Mediolanum Renta Variable, Mediolanum Renta Fija y Mediolanum Activos Monetarios; y tiene en cuenta cinco perfiles de inversión: Decidido, Oportunidad, Moderado, Prudente y Libre, con diferentes composiciones de la inversión. Además, la comisión de gestión de este servicio es de entre el 0,6% y el 1,5% del patrimonio según el plan, y la comisión de depositaría es del 0,25% sobre nominal.



 

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