Los grandes retos económicos de los ciudadanos en 2011


Acabamos de superar un año difícil para la gran mayoría de los ciudadanos, e iniciamos uno nuevo con obstáculos desde el primer minuto, en forma de subidas de transporte, luz o gas, que además se traslada a productos básicos de la cesta de la compra. A esto hay que añadir, nuevas tasas e impuestos, en muchas Comunidades Autónomas y municipios.

Pero además de todo esto, el ciudadano de a pie está recibiendo o recibirá otra mala noticia, como es que tras un par de años de importante bajadas de las hipotecas, vuelve el tiempo de las subidas, y aunque no tan importantes, supondrá una media de 250-300 euros más al año, algo que con la tendencia actual se repetirá en los próximos años.

Todo ello, con unas expectativas de creación de empleo muy limitadas y estancamiento en el consumo, miedo a que la crisis de deuda llegue finalmente a España tocando ya las puertas de nuestro vecino, Portugal, y una “guerra de divisas” en ciernes, mientras esperamos que aparezcan de verdad los ansiados brotes verdes.

Ante todos estos nubarrones ¿Qué podemos hacer como ciudadanos? Y es que aunque todas las medidas y las consecuencias provienen de fuera, siempre el ciudadano puede actuar

Sanear la economía doméstica

Y es que si en algo coinciden todos los expertos es en la necesidad de sanear nuestras cuentas tanto a nivel de Estado, lo cual se tendría que cumplir con las medidas de recorte de gasto y aumento de ingresos aprobadas o por aprobar, como a nivel doméstico, ya que la deuda de las familias alcanza el billón de euros, casi la totalidad del Producto Interior Bruto.

Aunque muchos atacan a las economías domésticas como principales muñidores de la situación actual, y sus excesos, no hay que olvidar que los ciudadanos nos movemos por expectativas y que no somos los que concedemos los créditos ni analizamos los riesgos tanto particulares como de la economía general.

A pesar de ello, seguimos teniendo la urgencia, los que no lo han hecho de pasar a ocupar un papel cada vez más activo económicamente. La primera reacción normalmente suele ser el recorte de gastos para ajustar nuestro presupuesto. Estas decisiones, muchas veces necesarias para salvar nuestras cuentas, trae consigo el efecto que estamos viendo ahora, la ralentización del consumo y por tanto de la economía.

Pero al igual que no se puede recortar en todo, lo que si se puede es aprovechar la oferta de distintos productos para buscar la misma opción, y dentro de los campos más importantes están los productos financieros, ya que un mayor ahorro en costes o si conseguimos mayores ingresos podemos mejorar de forma importante nuestras cuentas:

  • Hipotecas: Aunque vayan a subir lentamente, podemos tener cláusulas de suelo o vinculaciones con productos que hagan que paguemos más que el tipo de interés estipulado, debemos negociar su eliminación o al menos que reduzca el tipo de interés.


Si podemos amortizar parte de los préstamos hasta la máxima reducción fiscal (9.015 euros anualmente) aumentaremos la cantidad que nos devuelve Hacienda, disminuiremos los intereses que vayamos a pagar y lo que no es menos importante en momentos de subida de tipos, al tener menos capital pendiente y lo devolvemos en menos tiempo, las subidas de interés son menos importantes.

  • Cuentas remuneradas y depósitos, no dudemos en mover nuestro dinero, las tendencias de los tipos es al alza pero también ya hay ofertas muy atractivas actualmente y la restricción de dinero barato puede que haga que las ofertas de tipos altos no sean tan numerosas. Debemos buscar quien nos ofrezca más a un plazo más adecuado y en caso de que podamos necesitar nuestros ahorros, elegiremos cuentas remuneradas por su liquidez.


Tarjetas, puede ser un buen aliado en determinados momentos pero también si el endeudamiento es grande una rémora. Por un lado debemos buscar las tarjetas más económicas o gratuitas, en segundo lugar si nos centramos en tarjetas con descuento que en verdad los beneficios compensen los gastos, y por último, si vamos a financiar que el tipo sea lo más bajo posible al igual que el plazo de pago.