Marcas blancas y productos financieros

También hay ganadores, uno de los más claros son ciertas cadenas de alimentación y productos cotidianos,

En época de crisis los titulares de los periódicos se llenan de “perdedores”: paro, deflación, déficit público,… Algunos se afanan en buscar puntos positivos, los famosos brotes verdes como el incremento de ventas de vehículos o el descenso del paro que los más pesimistas solo lo achacan a circunstancias coyunturales. Entre tanta mala noticia, como en todas las crisis también hay ganadores, uno de los más claros son ciertas cadenas de alimentación y productos cotidianos, que han visto multiplicar el éxito de sus marcas blancas en los últimos meses, haciendo temblar a muchas marcas consolidadas su cuota de mercado y forzando a gastar muchos recursos financieros en costosas campañas de marketing.

En estas campañas se intenta enfrentar un producto de calidad, el de la marca consolidada, con uno que tiene menos “propiedades”, pero lo que ve el cliente es un producto similar pero de un precio muy inferior ya que no se gasta  y por tanto más “rentable” para el consumidor. Esta búsqueda de ahorro y rentabilidad en los productos de consumo del día a día también se puede aplicar a nuestros productos financieros. Todos los días pagamos recibos, sacamos dinero de un cajero, hacemos una compra con tarjeta y cada cierto tiempo buscamos un préstamo, invertimos en un depósito o buscamos un plan de pensiones.

¿Estamos pagando o recibiendo menos rendimiento por los gastos de publicidad? Existen defensores de esta postura, el ejemplo más claro es lo que se paga en comisiones por un Plan de Pensiones de empleo (que fomenta una empresa o asociación) frente a un plan de pensiones individual que podemos contratar libremente en cualquier entidad financiera o compañía aseguradora. Según los últimos datos de la Dirección General de Seguros y Planes de Pensiones mientras que para los individuales se paga una media de un 1,53% en los de empleo se paga un 0,17%, 8 veces menos. Este diferencial en un producto tan a largo plazo como los planes de pensiones lleva a que un producto de las mismas características consiga en 20 años una rentabilidad de más del 60% en apenas 20 años. Esto se aplica por ejemplo también a otros productos muy publicitados como los fondos de inversión garantizados. El desarrollo de estructuras “más independientes” como los supermercados de fondos en los que se puede comparar con productos de diferentes entidades pueden acelerar un proceso de implementación de la “marca blanca” en los productos financieros. El dinero es dinero en cualquier aspecto de la vida.

Sobre el autor del artículo.

Licenciado en LADE y Master en Direccion Financiera, es colaborador habitual de diversos medios económicos.

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