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"Nos garantizaron 25 Mbps y no llegaban más de 6 Mbps", el caso ADSL de Andrés Peña en Málaga

Compañías de telecomunicaciones

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Una de las principales exigencias que tenemos como clientes hacia las compañías de telecomunicaciones es que el servicio no pierda calidad con el tiempo. Es básico, nosotros pagamos las mensualidades y todos los costes que decide la compañía por un servicio, y no queremos que este falle, ni que vaya a peor, y por supuesto no queremos que nos traten como mercancía al peso.

En el caso de las compañías de ADSL, y de acceso a Internet en general (ya sea fibra, cable, o cualquier otra modalidad de acceso), no es la primera vez que escuchamos o leemos un caso como el que vamos a contar hoy. Andrés Peña es Director Técnico del Laboratorio de Acústica en el Calpe Institute of Technology, y nos cuenta su epopeya en la búsqueda de una conexión decente, algo que, por lo visto, sigue siendo muy difícil de conseguir en algunos puntos de nuestra geografía.

El principal problema parece ser de ubicación: una barriada de casas bajas, unifamiliares, adosadas y pareadas. Ni un sólo bloque, y con buena parte de la población de edad avanzada. Esto hace que las ofertas que reciben para conexiones de Internet sea bastante limitada, por no contar la cantidad de compañías que fueron pasándose la bola año tras año, ofreciendo las conexiones más limitadas.

Al principio estábamos con Arsys. Nos echaron y nos mandaron a Wanadoo. Wanadoo cuando cerró nos mandó a Ya.com. Cuando cerró, nos cedió a Orange, y siempre con conexiones tristes de ADSL a menos de 6Mbps.

Nos llamaron de Jazztel para decirnos que habían instalado un nuevo nodo en la zona, y ya podían ofrecernos ADSL 30Mbps. Nos sonó raro, pero nos pagaban la permanencia en Orange (teníamos un buen descuento a cambio de permanencia), nos regalaban el router, nos hacían pagar apenas unos euros más por una conexión 5 veces mejor. Nos garantizaron 25Mbps por distancia a la central.

Tras muchos problemas durante el alta (una comercial dejó el alta a medias, se cortó la llamada, y no volvió a llamarnos, provocando un bloqueo de 21 días hasta que otro comercial nos puedo hacer el alta), llegó el router. Sincronizaba a 4Mbps, muy por debajo de lo contratado, de lo prometido, e incluso algo menos de lo que teníamos con Orange.

Tras la queja, nos enviaron a un técnico, que vino con otro de Telefónica que dijo que Jazztel ‘nos la había colado’. Que allí no llegaban más de 6Mbps, y que no había huecos libres para nuevas líneas. Así que Jazztel nos ofreció un descuento de 5 euros y pasarnos de 30Mbps a 6 Mbps, y además nos cambiaban el router por uno que sincroniza mejor a baja velocidad. Nos parecía una broma.

Tras muchas negociaciones, nos ofrecen un descuento más razonable y nos envían el nuevo router, que sincroniza mejor. Pero en la primera factura nos cobran el router y el envío. Glorioso. Tras una llamada y cuatro días de espera, reconocen el fallo y, en lugar de devolvernos el router, nos descuentan lo cobrado en las siguientes facturas. Hoy sincronizamos a 4.5Mbps en la caja donde nos interesa tenerlo, y a 5Mbps en el mejor de los casos, y pagando como si tuviésemos 30Mbps.

Lo más irónico es que el barrio está lleno de carteles de Movistar anunciando que Málaga ya tiene conexión de 100 Mbps con fibra óptica. Nosotros vivimos en Málaga, pero no hay ni rastro de la fibra óptica, salvo en el Parque Tecnológico, que disfruta de un anillo de fibra óptica infrautilizado.  Nosotros tenemos par de cobre de los años 70, y ‘vemos’ la fibra entre nuestro barrio y la central telefónica.

De toda esta historia sacamos algunas conclusiones. La primera es que si un núcleo de viviendas, una barriada o como queramos definirlo, está lo suficientemente lejos de la central telefónica que toca, y además no existe una demanda mínima de servicios, las compañías no lo van a ofrecer. Es decir, pueden ofrecer conexiones muy pobres (debido a la distancia real), pero no van a invertir en infraestructura.

La segunda es que en pleno siglo XXI no es posible aprovechar infraestructura desaprovechada, ya sea infraestructura pública o privada, para dar servicio a lugares donde no llega “nada más”. En un momento especialmente delicado de la economía, cuando sería interesante que el acceso a la banda ancha se generalizase y ayudase a reflotar la economía, aportando puestos de trabajo por un lado, y un acceso acorde con el siglo en que vivimos, vemos que sigue habiendo casos “raros” en los que no se consigue dar un servicio adecuado al cliente.

Lo peor es que, en general, quien ofrece ADSL o ADSL2 cobra igual si en tu domicilio sincronizas los 20 o 30 Mbps prometidos, como si sincronizas la quinta parte. Cierto es que es así con la tecnología que utilizan (y nadie debería garantizar servicio de ADSL2 si vives a más de 3 km de una central), pero es muy injusto que paguen justos por pecadores, o lo que es lo mismo, que pague lo mismo el vecino de al lado de la central, que aquél que vive en el límite de cobertura aceptable. Por eso creo que aún no tenemos el ADSL que nos merecemos, ni el cable, ni la fibra, ni en general, ninguna conexión a Internet.

¿Os ha pasado algo similar? ¿Qué explicaciones os han dado? Para finalizar, agradecer a Andrés su tiempo y paciencia para contarnos su historia.


 

Sobre el autor del artículo.


Creando contenidos para empresas en Internet desde 2007. Soy copywriter y redactor SEO profesional y colaboro con iAhorro en el área de finanzas personales y ahorro doméstico.Creo que contar con una comunidad como la que ofrece iAhorro es un apoyo muy importante para las familias y para cualquiera ...

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