3 junio 2014

La elección del perfecto producto financiero, según cuenta Pau A. Monserrat, depende de las condiciones que ofrezca y del perfil de cada persona, de tal manera habrá “un producto financiero para cada persona y una persona para cada producto”.

Las características del producto

Hay que diferenciar entre tres rasgos principalmente, que son los que nos darán una visión general de si es un buen producto o no.

  • Rentabilidad: Es una de las condiciones a las que primero le echamos el ojo. El inversor lo que pretende es obtener el mayor rendimiento de su capital. Y lo obtendrá directamente con el interés ofrecido. En determinadas operaciones se puede conocer la remuneración que se conseguirá o lo que costará la financiación obtenida, es decir, lo sabremos a priori. En este grupo podemos distinguir principalmente a los productos con un interés fijo, como los depósitos en los que se tiene claro el día de vencimiento. Sin embargo existen otros bienes cuya estabilidad depende del mercado futuro o de una serie de índices como los bonos estructurados y los fondos cotizados en base al Ibex 35.

  • Liquidez: Este concepto se refiere a la facilidad de hacer efectiva la inversión. Siempre está relacionada posibilidad y el coste que genera recuperar la inversión antes de tiempo. Dependiendo del producto que se contrate regirán unas normas u otras de cancelación anticipada del producto. En los planes de pensiones, por ejemplo, no tenemos la posibilidad de adquirir el dinero que invertimos a no ser que se cumplan los requisitos estipulados: muerte, enfermedad… Mientras que en los fondos de inversión el capital dispuesto se puede recuperar cuando se quiera, de ello dependerá directamente la rentabilidad de tal manera que si el precio de cotización diario es menor perderemos dinero y sino ganaremos.

  • Seguridad y riesgo: En este caso hablamos sobre las posibilidades que existen de que perdamos nuestra inversión si nos encontramos en determinadas situaciones. Precisamente ocurre con la deuda subordinada, que se posicionará en último lugar, tras la deuda ordinaria. En caso de que la entidad tenga problemas de solvencia es probable que no recibamos nada. Sin embargo hay productos que gozan de la máxima seguridad que son los depósitos, que están garantizados hasta la cantidad de 100.000 euros por entidad y titular.

Perfil del cliente

El mejor producto, no lo será únicamente por las características que posea, sino porque se adapte precisamente a nuestras necesidades. Para ello debemos averiguar quiénes somos y qué queremos.

Cultura financiera y tiempo dedicado a la inversión: Éste es un factor fundamental para decantarnos sobre una u otra opción. Según Moserrat “una ETF UltraShort S&P500, que gana cuando el índice de bolsa estadounidense pierde, puede ser una gran inversión en momentos de caída bursátil, pero solo los clientes con importantes conocimientos financieros, tiempo y ganas de seguir la bolsa norteamericana deberían adentrarse solos en esta jungla. Para la mayoría, los fondos de inversión tradicionales son una opción menos compleja”

Edad: Los jóvenes pueden arriesgar más en la elección del producto que quieren porque tienen mayor capacidad de reacción gracias al tiempo de recuperación. Mientras que una persona cercana a la jubilación debe decantarse por inversiones más seguras que le garanticen tranquilidad en el futuro.

Capital disponible: Si gozamos de gran capacidad adquisitiva una buena opción sería arriesgar más y distribuir la aplicación del dinero, mientras que si somos inversores más pequeños conseguiremos mejores condiciones si aplicamos todo nuestro dinero en un solo producto.

La clave de una buena inversión está en analizar el mercado y a nosotros mismos, si este paso lo damos correctamente, tendremos las puertas abiertas a la rentabilidad.

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