¿Cómo puedo alcanzar la libertad financiera?

La independencia financiera no se consigue en un abrir y cerrar de ojos. Requiere de una motivación especial y de seguir unos determinados caminos para llegar al objetivo

Todos, alguna vez, hemos usado la expresión “vivir de las rentas” como petición de uno de nuestros deseos para el futuro, pero vivir sin trabajar o sin tener que hacerlo por obligación, la mayoría de las veces se queda simplemente en un deseo. Esa idea, que le pone lo dientes largos a muchos ahorradores y es un auténtico furor en las redes sociales, es muy tentadora y ha sido bautizada como Libertad Financiera o Independencia Financiera por Robert Kiyosaki en su libro Padre Rico, Padre Pobre. Kiyosaki mantiene que, con la adecuada cultura financiera, cualquiera puede ser capaz de llegar a la independencia financiera. La misma idea, pero expresada de otra forma, la corroboró el archiconocido inversor Warren Buffett diciendo que “si usted es un ahorrador ligeramente superior al promedio, gastando menos de lo que gana, a lo largo de su vida, no podrá evitar hacerse rico”.

Lo normal es que las personas reciban un sueldo para sufragar los gastos que ocasiona la vida a cambio del trabajo que realizan. En realidad, los ingresos vienen porque se intercambia el tiempo, la sabiduría o las habilidades por un sueldo. Sin embargo, la libertad o independencia financiera es recibir los ingresos suficientes que permitan vivir, asumiendo todos los gastos que se generen, sin la necesidad de invertir el tiempo en el trabajo para obtener una remuneración. Ser financieramente independiente se puede conseguir si sucede que: exista una cantidad de dinero suficiente como para no trabajar o tener la cantidad de activos suficientes como para que los beneficios pasivos (aquellos ingresos que se reciben sin la realización de un esfuerzo) sean capaces de sufragar la totalidad de los gastos.

Lo que se consigue con la libertad financiera es dedicar todo el tiempo del que se dispone a realizar otro tipo de tareas, es decir, decidir en todo momento qué se quiere hacer con él, mientras que a los demás no les queda más remedio que emplear buena parte de su tiempo en el trabajo.

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La independencia financiera no se consigue en un abrir y cerrar de ojos, a no ser que la diosa fortuna se ponga de nuestra parte. Para llegar a aquella se requiere de una motivación especial y de seguir unos determinados caminos para llegar al objetivo de tener todo el tiempo libre para poder decidir qué hacer con él.

  • El primer punto pasa por saber cuánto dinero se necesita para satisfacer todas las necesidades, tanto en el presente como en el futuro. Evidentemente, este cálculo, que no es posible hacerlo con precisión, es personal, pues cada sujeto es diferente en sus hábitos. La facilidad con que se determina la cantidad necesaria diverge con la dificultad de conseguir el objetivo marcado.
  • Un segundo punto sería la necesidad de invertir el dinero en activos que generen beneficios pasivos y recurrentes.
  • Y, el tercer punto no consiste en querer, consiste en empezar en este mismo instante. No comenzar de inmediato es perder tiempo de disfrute. Si por algún motivo, no se dispone de capacidad de ahorro, hay dos opciones: aumentar los ingresos o/y disminuir los gastos.

El concepto de libertad financiera, como tal, suele ir asociado al mundo del ahorro y la inversión. Siendo así, un inversor la alcanzará cuando el capital invertido genere los suficientes beneficios (descontados los impuestos, los gastos y la inflación) para poder permitirle su actividad de la vida cotidiana sin tener que depender de los ingresos de una actividad laboral.

En este caso, los ingresos pueden venir vía dividendos, intereses de depósitos, renta fija, alquiler de inmuebles o a través de los fondos de inversión de reparto. La auténtica independencia financiera vendría si se consigue que los rendimientos fuesen estables y sin grandes sobresaltos, cosa difícil a tenor de la volatilidad implícita de los mercados.

Decía, que otra forma de llegar a ser independiente es lograr un cierto capital, lo suficientemente holgado, como para vivir de él sin necesidad de pasar por la tediosa actividad de la inversión. Esto se asemeja a lo que se hace con los ahorros destinados a la jubilación, con la desventaja de que el capital principal irá disminuyendo en la misma proporción en que se vaya disponiendo de él. Aquí, el problema que surge es determinar cuánto tiempo se puede dilatar el dinero acumulado. Para ello, un estudio publicado en 1998 por tres profesores de finanzas de la Trinity University, llamado Trinity Study, investigando diferentes tasas de retiro para la jubilación, dan las claves sobre la pauta de reembolso sobre una determinada cantidad de dinero para estirarla durante 25 años.

Crearon una regla, que la llamaron Regla del 4%. Esta regla, basada en el dicho de que “no se necesita ser el más rico del cementerio”, ha calculado que: retirando cada año el 4% del monto acumulado para ese fin, tardará 25 años en liquidarse por completo. También está justificado su uso en el caso de que se necesite reducir la rentabilidad haciendo uso del capital acumulado, con la desventaja de que llegará un momento en que los ahorros lleguen a cero y desaparezcan los réditos.

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Otro modelo sería saber cuánto se necesita para vivir de las propias inversiones, lo que coloquialmente se conoce como “vivir de las rentas”. En este caso, la cosa ya no es tan sencilla porque se necesita una gestión activa del capital, y eso requiere hacer uso del tiempo. Está claro que el dinero que se necesita para amortizar los gastos cotidianos está relacionado con la rentabilidad que se sea capaz de obtener. Hoy en día, por ejemplo, acudir a la renta fija no tiene sentido porque no genera rentabilidad, con lo cual no hay más remedio que añadirle riesgo a la cartera de activos.

A modo de ejemplo: para generar unos ingresos pasivos de 20.000 euros al año es necesario haber acumulado una cantidad importante de dinero. Suponiendo una rentabilidad anual recurrente del 5%, se necesitan 400.000 euros para conseguir ese importe (sin tener en cuenta los impuestos, la inflación y los gastos que se generen). Si se rebaja el porcentaje de la rentabilidad anual esperada es necesario aumentar el capital acumulado. Curiosamente, las personas que logran una libertad financiera, su vida, no tiene lujos, porque saben que aumentar su nivel de vida significa la necesidad de aumentar los ingresos.

La ansiada libertad financiera se puede llegar a conseguir, pero hay que ser realistas: es necesario un gran capital inicial, una notable formación financiera (o, en su defecto, acudir a un asesor especializado), una gran disciplina y tener claro que batir al mercado es una tarea bastante difícil que solo está al alcance de unos cuantos. Lo demás es humo contaminado.

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