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Diez años de la caída de Lehman Brothers: así afectó a Banco Mediolanum

Banco Mediolanum fue uno de los afectados de la quiera de la entidad americana.


Este año se cumplen diez años de la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers. Una quiebra que se considera el símbolo de la Gran Recesión, la mayor crisis que ha vivido el mundo desde el Crack de 1929.

Banco Mediolanum fue uno de los afectados de la quiera de la entidad americana. “Hace 10 años tomamos la decisión correcta. Hace 10 años protegimos a miles de nuestros clientes del impacto de la quiebra de Lehman Brothers”, destacan desde la entidad con motivo del décimo aniversario. 

Una década después del inicio de la mayor crisis sistémica sufrida tras la Gran Depresión con la quiebra de Lehman Brothers, todavía muchos se preguntan si podría producirse un nuevo colapso financiero. “La próxima crisis no vendrá por la banca”, afirma contundente David Cano, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI), ya que “hoy los bancos son más solventes que hace diez años. No hay comparación”. No lo ve así Manuel Romera, director del sector financiero de IE Business School, quien señala que “los errores del pasado se repiten” y no considera descartable una nueva crisis sistémica, pese al endurecimiento de la regulación bancaria. 

Gracias a la política expansiva de los bancos centrales, inyectando liquidez al sistema a través de la compra de deuda soberana, los países han conseguido sobreponerse pero hay “una cicatriz brutal”, dice Cano. Se refiere al alto endeudamiento de los Estados generado en estos años de crisis y que “resta margen de actuación” en un entorno de envejecimiento de la población, lo que provoca enormes desafíos en el Estado de Bienestar.

La crisis también ha dibujado un nuevo equilibrio de poder a favor de Asia. Los movimientos populistas y anticapitalistas se hacen fuertes en una Europa marcada hoy por el Brexit y por la amenaza que supone para el comercio la política proteccionista de Donald Trump, que traerá consecuencias negativas para el crecimiento económico mundial, tal y como ya ha advertido el Fondo Monetario Internacional (FMI). Un comercio mundial ya debilitado de por sí puesto que, según datos del Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), hace una década crecía de media un 6,8% al año, pero desde 2011 la tendencia es de apenas el 2,3%. 

“El equilibrio mundial ha cambiado, ya que en los últimos diez años los países desarrollados no han contribuido positivamente al crecimiento de la actividad industrial, que es el corazón mismo del comercio global; ahora es Asia quien ha asumido este papel”, apunta Aurelio García del Barrio, director del MBA con especialización en finanzas del IEB. “Debemos luchar contra el proteccionismo, porque una apertura comercial trae consigo mayor crecimiento y competencia, lo que redunda en beneficio del consumidor, con más calidad, innovación e investigación”, añade César Lajud, director del Máster Universitario en Comercio y Relaciones Económicas Internacionales, del Departamento de Negocios y Relaciones Internacionales de la Universidad Europea.

Pero hay efectos positivos. En opinión de Vittorio Colussi, consejero delegado de Banco Mediolanum, “muchas pequeñas y medianas empresas que dependían únicamente de la financiación bancaria han empezado a acudir al mercado para encontrar recursos y eso siempre es una buena noticia, ya que se dinamiza la actividad económica y se estimula el crecimiento y el desarrollo de las empresas”.
 

¿Cómo afectó la caída de Lehman Brothers a España? 

España, por su parte, que sufrió una doble caída al coincidir con nuestra particular crisis inmobiliaria y no pudo salir de la recesión hasta 2013, es hoy, paradójicamente, el país que más crece a nivel europeo. Si bien nuestras grandes cifras macroeconómicas no han recuperado los niveles precrisis, con un PIB avanzando a ritmos del 3% gracias al tirón de las exportaciones y al turismo, sí que se ha situado a un punto de distancia del crecimiento registrado en 2006. 

El paro, por su parte, también está lejos de la cota de los años previos a la hecatombe y su tasa todavía es el doble que entonces. Tampoco se ha corregido la desigualdad social provocada por aquellos polvos, con una importante precariedad laboral y bajos sueldos. Sin embargo, parece que los vientos de cola empiezan a perder fuerza, con el encarecimiento del petróleo y, de cara al próximo año, con el abandono de la política expansiva. El Banco Central Europeo dejará de comprar bonos en 2019, año en el que también se prevé que los tipos de interés retomen la senda alcista, situados en niveles históricamente bajos, apoyando así a la recuperación. “La normalización de la política monetaria sin una mejora en los fundamentos (comercio y productividad) no será la solución definitiva para marcar la vuelta a la normalidad”, advierte García del Barrio.

¿Cuál fue el origen de la crisis? 

Todo comenzó mucho antes de la quiebra del gigante bancario Lehman Brothers. Al calor de una política expansiva en EEUU, que trajo consigo una drástica reducción de los tipos de interés y, por ende, un estrechamiento de los márgenes de beneficio de la banca, las entidades financieras de aquel país se lanzaron a una campaña masiva de créditos para recuperar ganancias. De este modo, se concedieron préstamos incluso a ciudadanos con un perfil económico bajo. Eran las ya tristemente famosas hipotecas subprime o basura, conocidas así precisamente por el alto riesgo de impago de sus beneficiarios. 

Esos préstamos se empaquetaban en un producto de alta rentabilidad, es decir, se titulizaban bajo el nombre de CDOs (siglas del inglés Collateralized Debt Obligations) y se colocaban en fondos de inversión o planes de pensiones convirtiéndolos en objeto de especulación. Para más inri, las agencias de calificación crediticia asignaron la mejor nota a los CDOs, por lo que su probabilidad de impago era prácticamente nula. En apariencia. Con este aval, todo el mundo los quería, aun sin tener muy claro el verdadero origen de la inversión. 

El negocio, pues, era ventajoso para toda la cadena. Para los ciudadanos, porque accedían a comprar casas; para los bancos hipotecarios, porque ganaban más clientes con un activo que revendían y para los bancos de inversión, porque vendían un producto aparentemente atractivo. Pero la fiesta se aguó cuando la Reserva Federal cambió su política monetaria y comenzó a subir los tipos de interés, empujando al alza las cuotas hipotecarias. El resultado fue que muchas familias se vieron incapaces de afrontar el pago de sus préstamos. En consecuencia, se produjo una severa contracción del crédito y falta de liquidez. La volatilidad se asentó en los mercados bursátiles. De repente, cuando se quiso desinvertir en aquellos supuestamente seguros CDOs, se demostró que no valían nada y se destapó la caja de Pandora. La burbuja de las subprime estalló en la hasta entonces todopoderosa banca estadounidense, resquebrajando a su vez los cimientos del sistema financiero mundial. 

Cómo salvó banco Mediolanum a sus clientes

En septiembre de 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers, el Grupo Mediolanum afrontaba una situación compleja. Tenía más de 10.000 clientes afectados que habían invertido más de 200 millones de euros en productos estructurados creados por el Grupo que utilizaban los bonos de Lehman Brothers como subyacente. En España, los clientes afectados de Banco Mediolanum, el banco español propiedad del grupo italiano, ascendían a poco más de 1.400, con una inversión total de 45 millones de euros.

En el contrato de esos productos quedaba claro que era el emisor —Lehman Brothers— el responsable de la devolución de la inversión, no el Grupo Mediolanum, creador del producto. Sin embargo, Ennio Doris, fundador y presidente del Grupo Mediolanum, era consciente de que los clientes habían contratado un producto creado por Mediolanum. “Darles la espalda era quebrar su confianza e ir en contra de nuestros principios de trabajar en el interés del cliente”, relata Massimo Doris, consejero delegado del Grupo e hijo del fundador.

Cuando la crisis de las subprime empezó a mostrar su verdadera dimensión, en la mente de Ennio Doris comenzó a madurar motu proprio la idea de restituir el capital a los clientes si era necesario. Como hijo de una familia modesta, de niño vivió las dificultades económicas de un hogar humilde y cuando en 1982 fundó lo que hoy es Grupo Mediolanum, lo hizo para ser útil a los clientes, convencido de que cuando estos le confiaban su dinero, le entregaban su vida, sus ahorros. Con esta filosofía, no podía fallarles.

De este modo, el 18 de septiembre de 2008, tres días después de la quiebra de Lehman Brothers, Ennio Doris anunció que tomaría medidas para que los clientes que suscribieron esos productos estructurados no sufrieran el impacto de la quiebra del banco de inversión estadounidense.

“Siempre hemos dicho que somos un banco diferente y esta es la ocasión de demostrarlo — dijo Ennio Doris. Y así fue. Conjuntamente, “los socios mayoritarios, la familia Doris y Fininvest, decidieron aportar 120 millones de euros para evitar a los clientes el impacto de la quiebra de Lehman Brothers en los productos estructurados que habían contratado con Mediolanum. 

Durante varias semanas se trabajó con el departamento legal para encontrar el mecanismo de restitución. Y no fue sencillo. Por ejemplo, dar simplemente el dinero a los clientes se hubiese considerado una donación y hubiese tenido un coste para estos.

Finalmente, en las postrimerías de octubre, el grupo Mediolanum, anunció la solución: la modificación del producto inicialmente creado, sustituyendo el bono de Lehman por uno de otra entidad, de manera que al vencimiento del producto el cliente recuperaría el dinero invertido. El coste de la operación lo asumieron los accionistas mayoritarios. “Fue una operación única en el mercado”, afirma Massimo Doris. 

El apoyo a los clientes y la confianza que generó entre ellos esta decisión representan un punto de inflexión. Ya desde el primer momento quedó claro que la decisión de rescatar a los clientes de los efectos de la quiebra fue una de las más acertadas de la historia del Grupo. Así, por ejemplo, al año siguiente, mientras el sector financiero vivía uno de los peores años de su historia, Mediolanum logró su récord histórico de crecimiento. “No es un mero eslogan, de verdad en Mediolanum el cliente está en el centro”, concluye Massimo Doris.