Algunas semejanzas entre los Valores Santander y las preferentes

Productos bancarios que han hecho perder gran parte de sus ahorros a los clientes de la banca española


Páginas y páginas se han llenado ya sobre los Valores Santander, que por derecho propio ocupan un puesto importante entre los productos bancarios que han hecho perder gran parte de sus ahorros a los clientes de la banca española. Algún día habrá que acometer una compilación de monstruos financieros de la crisis, un bestiario de productos poco aptos para usuarios corrientes que ha comercializado una banca ávida, en unos casos, y desesperada en otros. En cualquier caso sirva la historia para que el consumidor aumente su cultura financiera y no se repitan errores del pasado.

No vamos a detenernos aquí demasiado sobre las características del producto porque el tema está ya sobradamente tratado y a este tipo de productos ya ni se les denomina por este nombre, ahora a los productos similares a este se denominan cocos (bonos convertibles contingentes), un nombre técnico y aséptico para un producto que en escasísimas ocasiones responde a las necesidades de un usuario medio.

Cuantitativamente la emisión de este producto fue enorme, siete mil millones de euros, por poner un ejemplo que sirva para valorar su magnitud, la emisión de preferentes de Caja Madrid del 2009 fue de 3 mil millones, más del doble, no obstante su repercusión mediática no ha sido tan grande por varios motivos, el primero de ellos es que el banco de Santander ha tenido más posibilidades de gestionar el problema sin que le llegara a explotar del todo, algo que Caja Madrid no ha podido hacer a causa de su crisis, la intervención para evitar su quiebra y las ordenes que vinieron de Bruselas para que las pérdidas recayeran también en los preferentistas, lo más parecido que había a los accionistas por las peculiaridades de las cajas. El Banco de Santander ha ofrecido productos alternativos a algunos de los afectados, ha negociado la devolución del nominal con los que compraron antes de la autorización del producto, evitando llegar a los tribunales, y en muchos casos también ha llegado a acuerdos con los clientes que no tenían perfil inversor, de esta forma ha evitado muchos pleitos y ha salvado parte de su reputación entre sus propios clientes.

De la misma forma que las preferentes, los Valores Santander carecen de tramo institucional, lo que ya dice bastante de las aviesas intenciones del emisor, que directamente renuncia a colocar su “criatura” a inversores profesionales con conocimientos de los mercados y de los riesgos que entraña el producto. Solo para particulares, y además nacionales como dice claramente el folleto: “Como se ha señalado en el apartado 5.1.3, la Emisión va dirigida a la clientela de Banco Santander en España y será colocada a través de la red de oficinas de Banco Santander en España, por vía telemática y por vía telefónica.”


La publicidad del producto aquí la tienen, y juzguen Uds. mismos a que mensajes se da preferencia y si hay alguna mención al gran riesgo que entraña. En este punto si hay una clara diferencia con las preferentes, que no fueron publicitadas por indicación de la CNMV.

Si continuamos con la comparación con las preferentes hay un punto que resulta verdaderamente sangrante, y es que si bien las pérdidas de los preferentistas se han producido por la crisis y necesario rescate de las entidades que las emitieron, los Valores Santander han supuesto unas enormes ganancias para el banco que los comercializó, ya que se crearon para financiar la compra de un banco que a los pocos meses fue vendido con enormes plusvalías, más de nueve mil millones de euros recibió por la venta de la Banca Antonveneta. La otra entidad adquirida, Banco Real, no fue vendida y sirvió para la expansión del banco de Santander en Brasil.

Siguiendo el paralelismo con las participaciones preferentes de infausto recuerdo, también en este caso es la propia entidad la que se limita a buscar entre sus propios clientes aquellos que tienen capacidad económica para adquirir un considerable número de estos títulos. En el caso de Caja Madrid todos hemos podido ver manuales de comercialización del producto donde solo falta decir cuántas le corresponden a cada cliente, marcando objetivos según el patrimonio depositado en la entidad. Han “cazado” a los inversores entre su propia clientela gracias a los datos económicos que manejan. Puede imaginar el lector que la gran superficie a la que acude habitualmente pudiera ver el estado de su nevera, su armario, su peso y las entretelas de su coche. ¿Verdad que con esos datos podría sugerirle unas cuantas compras? Sabrían cuando ofrecerle leche desnatada y de qué precio, ofrecer ropa de marca cuando se tienen ingresos extra, y los cambios de aceite y de ruedas en el momento preciso. El comercio sabría a que clientes dirigirse, descartando a los que no tienen suficientes medios para un producto concreto, y además alagar al cliente “escogido” indicándole que le ofrecen este producto porque es un cliente especial y preferente, un V.I.P. en definitiva. Algo así ha pasado con la comercialización de estos productos, y por este motivo es esencial la regulación en este sector, otro de los pilares del sistema que ha fallado, que debe regular de forma efectiva el asesoramiento financiero (ahora todas estas entidades dicen que no han asesorado a nadie, que son los clientes los que han demandado los productos) y los conflictos de intereses, tan palmarios en estos dos casos que estamos analizando.

A día de hoy todavía existe un rosario de reclamaciones en los tribunales, no tantas como en el caso de las preferentes por los motivos que hemos expuesto arriba y por las ventanas de liquidez que ofrecía el producto, que se resuelven a favor de los clientes en muchos casos y siempre que no exista un claro perfil inversor por parte del cliente.

Las acciones ejercitadas en los procedimientos son básicamente las mismas que en el caso de las preferentes, nulidad, anulabilidad e incumplimiento contractual y el plazo para su ejercicio, en el más restrictivo de ellos, es de cuatro años, por lo que todavía sería posible que prospere una acción ya que la conversión obligatoria se produjo en octubre de 2012, no habiendo transcurrido aún los cuatro años, aunque la entidad siempre alega la caducidad de la acción ejercitada esta no suele estimarse en la mayoría de los casos, al entender los tribunales que el plazo para contar el inicio del periodo de prescripción debe ser el de finalización de la eficacia del contrato, esto es octubre de 2012.

Aunque en principio no es aplicable a los Valores Santander la reforma de la Ley del Mercado de Valores operada por la Ley 47/2007 (MIFID) por ser esta posterior a la emisión de los Valores, hay casos en los que los tribunales han estimado la aplicación directa de la Directiva 2004/39/CE en la que trae su origen la Ley 47/2007 al estimar que la Directiva vincula a los jueces nacionales, independientemente de que haya transcurrido o no el plazo de trasposición, pero en cualquier caso, no debemos olvidar que la Ley del mercado de valores en su versión anterior a la reforma de diciembre del 2007 también exigía la información clara, correcta, precisa y suficiente, que haga hincapié en los riesgos de cada operación, así como a comportarse de manera diligente y transparente cuidando de los intereses del cliente como si fueran propios, por lo que debemos concluir que hay diversos y contundentes argumentos jurídicos para instar la anulación de estos contratos en la mayoría de los casos, aún a día de hoy.

¿En qué te puede ayudar iAhorro Hipotecas?

iAhorro es un comparador financiero donde puedes encontrar toda la información sobre las hipotecas del mercado. Te ayuda a comparar para hacer una buena elección y ahorrar dinero. iAhorro te acompaña en todo el proceso de contratación para que tomes las mejores decisiones financieras.

Inicia sesión o publica como anónimo


Contamos con más de 40 expertos independientes para responder gratis a tus preguntas (en menos de 24 horas).