Cómo adaptar la estrategia militar a las finanzas

Es prácticamente imposible obtener una buena rentabilidad sin asumir ningún tipo de riesgo

aplicar la estrategia a la economía


Las ciencias económicas siempre se han visto influenciadas por una serie de disciplinas de las que han aprendido y junto a las que han mejorado su funcionamiento.
Una de las que más ha aportado a la economía es la estrategia militar. En concreto, la estrategia entendida desde la filosofía de los pueblos orientales, muy diferente a la que podemos encontrar entre los occidentales, y en general mucho más influenciada por la religión.
Esta disciplina, aparte de en la economía, también se ha utilizado como forma de llegar al poder: lo cual no significa necesariamente que el poder sea sinónimo de dominación hacia los demás. Dependiendo del uso que se le dé, el poder puede ir de la mano de un pensamiento ético y moral.
Dentro de lo que la estrategia oriental ha enseñado al mundo de la economía y, en concreto, al de la pequeña economía doméstica, podemos encontrar varias pautas que seguir para conseguir todas nuestras metas de ahorro a corto, medio o largo plazo.

  • La prudencia en cuanto al nivel de riesgo que queremos asumir con nuestros ahorros. En el mercado vamos a encontrar infinidad de productos e instrumentos financieros, lo cual no significa que todos y cada uno de ellos sean los adecuados para nosotros. Además, hay que tener en cuenta que es prácticamente imposible obtener una buena rentabilidad sin asumir ningún tipo de riesgo: lo más sensato es desconfiar siempre de aquellas ofertas que prometan unas rentabilidades elevadísimas y, a la vez, máxima seguridad. Sería extraño que no se tratase de una oferta muy poco fiable.

  • La adaptación a cada momento tanto en relación con nosotros mismos como al estado de los productos que se ofertan. Si mantenemos inmutable dónde invertimos y cómo lo hacemos, no estamos sacando todo el partido que podríamos a las opciones a nuestro alcance. Es más, no todos los productos tienen el mismo valor en todo momento: la mejor estrategia es siempre la diversificación, ya sea entre ofertas del mismo tipo o entre distintos productos.

  • El trabajo a la hora de aprender a tomar nuestras propias decisiones de inversión. Lo cual incluye informarnos y asesorarnos de forma ininterrumpida sobre temas financieros y evitar caer en el estancamiento una vez hayamos alcanzado cierta meta destacable. A la hora de invertir, la formación es igual o más importante que las propias habilidades para manejar nuestro dinero. Sería un error llegar a pensar que unos conocimientos más amplios no van a ayudarnos nunca a mejorar en casi cualquier faceta de nuestra vida, con más razón si hablamos de finanzas.

  • La perspectiva en cuanto a que las mejores inversiones siempre van a tener en cuenta el futuro. Por ejemplo, contratando un fondo, o un depósito muy rentable ahora mismo no significa que vaya a seguir siéndolo dentro de unos meses. En mercado está cambiando continuamente y, queramos o no, sus fluctuaciones van a afectar de forma directa a los productos que tengamos contratados o estemos planeando contratar. Así,, si tenemos contratado un fondo de inversión a renta fija, es interesante saber qué es lo que va a ocurrir en cada momento con los tipos de interés y en función de ello vender, cambiar o mantener el fondo y evitar perder dinero en la medida de lo posible.


Todas estas pautas, aplicables tanto a la estrategia como a las finanzas personales, son unas buenas herramientas de inversión y ahorro si se utilizan de la forma correcta. Como bien trata de enseñarnos la filosofía oriental, actuar con integridad y en colaboración con los demás no está reñido con salir airosos de cualquier batalla.