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¿Cuáles son las consecuencias de un aval hipotecario?

Comprometes tu patrimonio presente y futuro



Si atendemos a la definición que el Banco de España hace de qué es un aval, “es una forma de garantizar o asegurar el cumplimiento de obligaciones económicas”, añadiendo que “quien avala se declara dispuesto a hacer frente a los compromisos del avalado frente a una tercer persona o empresa en caso de que el avalado no lo haga”. El aval hipotecario es sinónimo de una mayor garantía de pago para el banco. Si no paga uno, pagará el avalista y lo hará con todo lo que tenga y lo que tendrá en el futuro.

Convertirse en avalista tiene una serie de consecuencias, y no precisamente agradables para esa figura. Lo que podría pensarse como un acto generoso, puede convertirse en una decisión que podamos lamentar. De hecho para Pau A. Monserrat, economista de iAhorro, más que generoso es un acto irreflexivo.

Comprometes tu patrimonio presente y futuro


Lo primero de todo es necesario saber hasta dónde llega la sombra del aval. Y es que aquel que está dispuesto a avalar a otra persona es preciso que sepa que lo hará con todo su patrimonio, el presente y también el futuro, hasta que se salde la deuda. De ahí que Pau A. Monserrat considere convertirse en avalista como un acto arriesgado a menos que se limiten las responsabilidades del avalista de algún modo.

Ser avalista también se hereda


Por si fuera poco, los avales hipotecarios no desaparecen cuando el avalista tristemente fallece. ¿Por qué? El Código Civil en su artículo 1.156 dice que “las obligaciones se extinguen: por el pago o cumplimiento, por pérdida de la cosa debida, por la condonación de la deuda, por la confusión de los derechos de acreedor y deudor, por la compensación o por novación”. No contempla el fallecimiento como causa de extinción de la deuda. De modo que en caso de que esto se produzca, esta obligación que en su día adquirió el avalista, se transmite en herencia (si aceptan la herencia en general), recordemos que se hereda todo, tanto derechos como obligaciones, y esta es una de las segundas.

No siempre es fácil dejar de ser avalista


Como hemos dicho, los casos por los que se puede extinguir una obligación son los que contempla el artículo 1.156 del Código Civil. Por lo que en caso de querer dejar de ser avalista habrá que acogerse a la opción de novación (consiste en realizar un cambio en alguno de los aspectos del préstamo hipotecario, en este caso en eliminar la figura del avalista) o bien realizar un cambio de avalistas (sustituir un avalista por otro).

Y en cualquiera de ellos tendrá que ser el banco el que permita dicha operación, cosa que no es siempre fácil porque supone disminuir una garantía o aceptar otras.

Por todo ello, la figura del avalista es una figura débil dentro una operación hipotecaria, ya que adquiere gran protagonismo y responsabilidad en caso de impago del titular de la hipoteca. Deberá hacer frente a la deuda con todo su patrimonio, pero además no podrá ser nunca el propietario de aquello que “está pagando”.