Estoy jubilado, ¿puedo pedir un préstamo?

La edad y los ingresos suponen los dos grandes hándicaps para acceder a la financiación llegados a la jubilación


Sin duda si hay algo que marca la diferencia (para bien o para mal) a la hora de pedir un préstamo es la situación laboral y solvencia económica del solicitante. En este sentido, hay un grupo de personas que combinan estas dos circunstancias de forma a priori favorable, los jubilados. Pero la realidad es diferente...

En España hay poco más de 5,9 millones de jubilados, y si pensamos en esa solvencia económica cabe pensar que ya tienen unos ingresos fijos mensuales (de cuantía distinta) se convierten “automáticamente” en un buen perfil y candidatos para solicitar financiación. Consulta cuáles son los préstamos más baratos de septiembre 2018.

Y hasta cierta edad eso es cierto, aunque sin duda la cuantía de la pensión pública es determinante como igual de determinantes son los ingresos para cualquier solicitante de financiación.

Los 75 años, edad clave para pedir un préstamo

La edad del jubilado puede convertirse en un problema para la concesión de un préstamo. A mayor edad, mayor riesgo de impago, lo que supone una barrera para la entidad a la hora de estudiar la operación de financiación.

Las entidades piden a los jubilados que no tengan más de 75 años cuando se llegue la última cuota del préstamo. Por este motivo, es complicado acceder a financiación a largo plazo una vez que el solicitante ha alcanzado por ejemplo los 70 o 71 años ya que el riesgo de fallecimiento es mayor eleva el riesgo que asume la entidad. Para aquellos jubilados que tengan 70 años y pidan un préstamo, el plazo de este, en caso de que se dé su concesión, será de entre 3 y 5 años como máximo.

¿Qué piden las entidades?

Para conceder la operación de financiación, las entidades es habitual que pidan que intervenga la figura del avalista. Esta figura aumenta las garantías de pago ya que en caso de que el deudor principal no pueda asumir los pagos o fallezca, el avalista responderá por él.

Otro mecanismo que es habitual y que aumenta las garantías para el solicitante es la contratación de un seguro de impago o seguro de amortización a favor del banco para garantizar que la devolución del capital se producirá en caso de que se produzca un siniestro o fallecimiento.

Por lo demás, las entidades piden los mismos requisitos que a cualquier otra persona para la concesión de cualquier otro préstamo. En definitiva, la entidad analizará la solvencia del jubilado, como la de cualquier otro solicitante, y para ello, necesitará la documentación habitual, como el DNI, la demostración de los ingresos a través de los recibos de la pensión y las últimas declaraciones de la Renta. Incluso podría haber entidades que solicitaran algún dato del último trabajo que tuvo el jubilado.

Minicréditos, tarjetas de crédito e hipoteca inversa, otras opciones

Dadas las posibles complicaciones que puede tener un jubilado para acceder a un préstamo tradicional, hay otros productos que pueden satisfacer la necesidad de financiación. Uno de ellos son los minicréditos ya que el horizonte temporal para la amortización es más pequeño dado el menor importe, normalmente hasta 600€ a devolver en 30 o 60 días. Otra opción son las tarjetas de crédito, acceso a dinero a crédito a través de este plástico que por la relación que ya cuenta con el banco es previsible que ya esté concedida o preconcebida. Y por último, la hipoteca inversa, un producto quizás más complejo que consiste en obtener el valor de la vivienda en forma de renta mensual poniendo la vivienda como garantía. Al final del plazo, el hipotecado tendrá que entregar la vivienda ya que sirve como devolución del préstamo o devolver toda la cantidad (él o los herederos en su caso).