Las buenas prácticas de la economía doméstica

Contratar solo aquello que entiendas


Trucos y consejos puede haber millones si hablamos de economía doméstica. Aquí os dejamos algunos que pueden contribuir a la buena salud de tu bolsillo.

1-    Contratar solo aquello que entiendas. Desde iAhorro se ha dicho una y otra vez pero no nos cansaremos de decirlo: hay que entender bien antes de firmar el producto que vas a contratar. Todas sus características, sus pros, sus contras… Lo primero que muchos no hacemos es leer el contrato con detenimiento y por ahí se podría empezar. Si es tu caso y te sirve con que te lo cuente un empleado del banco párate y piensa que merece la pena dedicar unos minutos a la lectura del contrato, puede ahorrar problemillas a largo plazo.

Este apunte es aplicable tanto a los productos sencillos como a los productos más complicados. Si vas a abrir un producto sencillo, como puede ser una cuenta corriente, no te exime de la necesidad de conocerlo a fondo. Si se trata de un producto más complejo con más motivo hay que conocerlo y comprenderlo a fondo.

 

2-    Pedir asesoramiento (aunque a veces tengas que pagar por ello) cuando tengas dudas. Este consejo va ligado con el anterior y es que si un producto crees que te puede interesar pero todavía tienes dudas de su función y características pregunta a aquellos que te lo quieren vender primero pero no te quedes ahí. Valora la posibilidad de contratar a un profesional independiente para que te asesore. Hay espacios como nuestro foro de iAhorradores donde puedes hacer ciertas preguntas y obtener respuesta de un modo gratuito y objetivo pero para un consejo 100% personal acude a algún profesional. Puedes echarle un ojo a nuestro panel de expertos porque hay muchos con los que podrás contactar para ese tipo de dudas en las que tengas que poner datos e información privada sobre la mesa para recibir una respuesta.

 

3-    No gastar más de lo que tengas. Este consejo parece obvio pero a veces merece la pena recordarlo. Hay datos por los que nos podemos guiar, muchos dicen que el precio de tu vivienda no debe superar el 40% de tus ingresos. Aunque haya generalidades que nos hagan tener una idea lo mejor es analizar cada situación de un modo individual y ver hasta dónde se puede llegar en cada partida de gasto.

La financiación también se puede mencionar aquí. Es posible que a lo largo de la vida se necesite acudir a financiación por necesitar afrontar pagos elevados. Suele pasar a la hora de comprar un coche, cuando queremos adquirir una casa o para algún imprevisto importante. También en estos casos debemos de calcular si la cuota que tendremos que pagar podemos asumirla o nuestros gastos se dispararían por encima de los ingresos.

 

4-    Invierte solo aquello que te puedas permitir perder. Las inversiones que no impliquen riesgo son escasas o de las que aportan una rentabilidad muy baja, este es el caso de los depósitos. Las demás, aquellas en las que se asume un riesgo, debemos contratarlas a sabiendas de que podemos perder lo invertido. Puede que en muchos casos te digan que es muy poco probable o casi imposible pero no dejes de contemplar esa opción. ¿Qué pasaría si al final no podemos recuperar el dinero? ¿Podríamos seguir con nuestro nivel de vida actual? ¿Podríamos asumir nuestros gastos sin que afecte a nuestro día a día? Si la respuesta es sí y no hubiese más peculiaridades, puede ser el momento de invertir.

 

5-    Si tienes un problema económico afróntalo, cuanto más tardes en hacerlo más grande se hará. Este es un consejo aplicable a muchos ámbitos de la vida en general pero en el caso del ámbito económico esto se suele traducir en un aumento de deuda. Los problemas más frecuentes suelen venir por falta de dinero y traducirse en impago de facturas, no cubrir a tiempo las cuotas de la hipoteca o tener la cuenta en números rojos. La mayor parte de las acciones suponen un sobrecoste con pago de intereses, penalizaciones por impago, etc…

Lo importante es no mirar a otro lado, ver las alternativas de ingresos e intentar negociar con nuestro acreedor. Al final, hay que pensar que él también quiere cobrar y puede que acepte negociar métodos de pago flexibles u otra alternativa.