¿Nuestra mascota revela información sobre nuestra personalidad?

La decisión de elegir una mascota es un reflejo de nuestra personalidad


Detrás de la elección de una mascota siempre se esconde algo más que el gusto personal.  Según varios estudios, la decisión de elegir una mascota es un reflejo de nuestra personalidad. Así, elegir un gato estará dando cierta información sobre nuestra personalidad y elegir un perro también.

Entre el perro y el gato todo son diferencias, son dos especies que a nivel de conducta animal (nivel etológico) no tienen nada que ver.

El perro es un canino, un animal de manada, que suele ir en grupo y necesita un líder. Requiere mucha atención y necesita mucha compañía porque tiene un sistema emocional muy profundo. Es un animal muy dependiente, no se le puede dejar mucho tiempo solo y en él debemos de ocupar muchas horas. El perro necesita sentirse el centro de atención, le gusta que le hablen, jueguen y formar parte de la familia como un miembro más. El perro establece un gran vínculo de confianza y cariño con las personas con las que convive y tiene la necesidad de vivir arropado.

Por otro lado, el gato es un felino.  Es considerado como independiente, más tranquilo, menos afectivo y con menor necesidad de atención que el perro. Le gusta que le dejen en paz, alejarse de la muchedumbre, busca un ambiente armónico y relajado.

El gato aparecerá cuando haya armonía en la casa. Si hay ruido o movimiento, huirá, se esconderá y se pondrá a dormir, debido a que es un animal muy dormilón.
Se le puede dejar solo durante horas, con su comida, su arena y su agua. Le gusta marcar su territorio, su hogar y a las personas que forman parte de la casa.

Por lo general, a las personas que le gustan los perros suelen ser más sociables, incluso les gusta compartir sus mascotas con el resto y se solidarizan más en los casos en donde encuentran a animales solidarios. Además, los amantes de los perros necesitan establecer algún vínculo afectivo con alguien, alejarse de la gente que pueda juzgarles y necesitan la aprobación de alguien.

En la otra cara de la moneda, nos encontramos las personas que les gusta convivir con los gatos. Suelen ser persona que van de la mano de la armonía, tranquilidad y soledad. A este colectivo le gusta pasar inadvertido sobre el resto, se alejan de cualquier foco de atención y no son tan efusivos como los amantes de los perros.  Además, son personas más creativas, urbanitas  y abiertas de mente. Admiten ser más propenso a la ansiedad y buscan la plenitud de la vida.

Cuando alguien prefiere los perros a los gatos, o al contrario, proyecta de forma indirecta la personalidad canina o felina. Disconformidades o acuerdos a un lado, convivir con nuestra mascota puede brindarnos una mayor felicidad general, reducir nuestro estrés, motivarnos para hacer más ejercicio físico y, en general, mejorar nuestra calidad de vida.