Razones para no invertir en gestión activa

Gestionar tu propio capital

Mono pensando


Si llevas algún tiempo interesado por el mundo de la inversión en los mercados financieros te habrás dado cuenta de los grandes esfuerzos que lleva a cabo la industria de la gestión de activos para que le permitas gestionar tu propio capital.


Cuando echamos un vistazo a la prensa especializada enseguida observamos cómo nos presentan el mundo de la inversión como algo complejo en donde sólo es posible ganar al mercado si tienes unos elevadísimos conocimientos financieros. Para ello, realizan entrevistas a profesionales del sector que hablan de una forma casi ininteligible para el inversor medio, utilizando muchos conceptos expresados en inglés y basándose en indicadores casi incomprensibles para la mayoría. Como digo, todo esto está enfocado a crear la percepción de que los mercados financieros son algo sumamente complejo y que sólo unos cuantos privilegiados expertos pueden tener éxito de forma consistente.

La pregunta que debemos hacernos entonces es: ¿Tienen razón?, ¿el pasado demuestra que realmente los gestores profesionales lo hacen mejor que el mercado de una forma recurrente?

El profesor del IESE Pablo Fernández lleva años realizando análisis en profundidad sobre la rentabilidad que ofrecen los fondos de inversión de gestión activa en España, teniendo en cuenta para ello la rentabilidad de las diferentes categorías a lo largo de los años. En el estudio más reciente, que abarca el análisis de la rentabilidad de 629 fondos de inversión desde 1999 hasta 2014, llega a una conclusión que clarifica totalmente el asunto: de esos 629 fondos analizados, sólo 9 superaron la rentabilidad de las Obligaciones del Estado a 15 años, sólo 74 han superado la rentabilidad obtenida por el IBEX35 en ese periodo y 99 de esos 629 tuvieron una rentabilidad negativa para ese periodo desde 1999 hasta 2014. La rentabilidad media del IBEX 35 en el periodo 1999-2014 fue del 3,28%, la de las obligaciones del estado del 5,83%, y la de los 629 fondos fue del 1,6%.

La verdad es que ya sólo los resultados de este estudio son demoledores para la industria de la gestión activa, pero el estudio no se queda en el mero análisis histórico de rentabilidades, sino que también trata de saber de una forma lo más aproximada posible qué valor añade a la gestión (es decir, si es decisivo para la obtención de una rentabilidad mayor) el hecho de que las decisiones de inversión las tome un profesional. Para tratar de obtener una conclusión lo más certera posible, Pablo Fernández llevó a cabo el experimento comúnmente conocido como la cartera del mono.

La denominada cartera del mono surge de un experimento llevado a cabo en los años 70 para tratar de descubrir como de certeras eran las recomendaciones de las casas de análisis de Wall Street.
Para investigarlo, los analistas eligieron una serie de valores al azar (del mismo modo que lo haría un mono señalando aleatoriamente la cotización de los valores sobre un periódico) y compararon su evolución posterior con los valores recomendados por las diferentes casas de análisis. El resultado fue que la cartera creada con acciones elegidas al azar superó la rentabilidad del 85% de los fondos.
Siguiendo esta misma idea de investigación, Pablo Fernández llevó a cabo su propio experimento de la cartera del mono.

Para ello le pidió a un grupo de alumnos de un instituto sin ningún tipo de conocimiento sobre inversiones que eligiesen al azar acciones de entre las 70 empresas españolas cotizadas más importantes, entre los años 2002 y 2012. La selección de acciones de los alumnos de forma aleatoria fue comparada con la rentabilidad de los fondos de renta variable de gestión activa para ese mismo periodo temporal, y los resultados fueron que la rentabilidad media obtenida por los alumnos fue superior a la de los fondos de inversión: los alumnos obtuvieron una rentabilidad media del 105%, mientras que la conseguida por los gestores expertos fue del 71%. El resultado del experimento demuestra que muchos inversores individuales pueden tener acceso a mejores rentabilidades siguiendo al mercado o eligiendo valores al azar que invirtiendo a través de un fondo de inversión de gestión activa.

Ante estos datos debemos reflexionar. ¿Qué valor nos aporta entonces la gestión activa?, ¿Por qué pagar elevadas comisiones a un fondo gestionado por profesionales si la mayoría lo hacen peor que la media del mercado en el medio/largo plazo?

¿Qué razones hay detrás del mal comportamiento de la gestión activa?

Es necesario preguntarse qué es lo que falla en la gestión activa para que la mayoría de fondos no le ganen al mercado en el medio y largo plazo. Pueden existir muchas razones, pero en mi opinión existen dos claves que son fundamentales en el mal comportamiento de estos fondos: el market timing y las elevadas comisiones.

El market timing es una estrategia de inversión que consiste en comprar o vender acciones con la intención de aprovechar una serie de tendencias, eventos financieros en el corto/medio plazo y suelos y techos de las cotizaciones. La realidad de este tipo de estrategia es que no funciona de manera consistente. Puede ser que un inversor tenga éxito en alguna ocasión, pero de aplicar esta estrategia de inversión de forma continuada no lo llevará más que al fracaso como inversor. Si el market timming funcionase, los gestores de fondos de inversión vivirían de sus inversiones personales y no soportarían las condiciones laborales tan duras que existen en el mundo de la gestión de activos.

Por otro lado, las elevadas comisiones a las que hay que hacer frente al contratar fondos de gestión activa merman de una forma importante la rentabilidad obtenida por los partícipes.
Como se suele decir, una imagen vale más que mil palabras:

Gráfica rentabilidad / comisiones


En este gráfico se representa la proyección de la rentabilidad de una inversión con un espacio temporal de 30 años bajo el supuesto de una rentabilidad media anual del 6,5%.
En ella podemos ver cuál es el impacto de las comisiones a lo largo del tiempo sobre la rentabilidad de nuestro capital. Así, con una comisión del 1% (línea azul), nuestro capital en 30 años se multiplicará casi por 5; Con una comisión del 2% (línea marrón), nuestro capital se multiplicará por más de 3,7; mientras que para una comisión del 3% (línea verde), nuestro capital al cabo de 30 años se multiplicará por algo más de 2,8.

Los fondos de inversión activa pueden cobrar hasta un 2,25% sólo como comisión de gestión, a lo que habría que añadirle la comisión de suscripción (puede ser de hasta el 5%) y de reembolso.
Por lo tanto, a la vista de lo expuesto, lo más sensato para el inversor minorista será la construcción de una cartera con ETFs o fondos indexados de bajo coste (comisiones de gestión por debajo del 1% y sin comisiones de suscripción y reembolso) con la que maximizar el rendimiento del mercado.