Regímenes matrimoniales: ¿cuál me interesa?

¿En qué consisten las capitulaciones matrimoniales?

regímenes matrimoniales


Un régimen matrimonial se encarga de regular tanto el patrimonio de las dos personas que contraen matrimonio como los bienes que puedan adquirir durante su futuro juntos. Para conocer precisamente lo que puede suceder en ese futuro con los bienes propios y de la pareja, es interesante conocer las opciones entre las que podremos escoger un régimen matrimonial y sus consecuencias.

¿En qué consisten las capitulaciones matrimoniales?


Si una pareja decide elegir por ellos mismos el tipo de régimen matrimonial que se adapta más a su estilo de vida pueden hacerlo con total libertad mediante las llamadas capitulaciones matrimoniales. Sin embargo, cuando no se decantan por ninguno en concreto, se establece por defecto el estipulado en cada zona del país, es decir, separación de bienes en Cataluña, Baleares y Valencia y gananciales en el resto de comunidades autónomas. Cabe concretar que en el supuesto de que dos catalanes contrajesen matrimonio en Galicia, se establecería la separación de bienes como si lo hubiesen hecho en Cataluña.
En el año 2012 se firmaron un total de 42.559 capitulaciones tanto prenupciales como decididas después de la boda. Una gran mayoría de ellas, en concreto un 89%, se decantaron por la separación de bienes.

Gananciales y separación de bienes


Para tener claro cuál es el régimen que nos conviene, es importante tener claro qué es lo que podemos esperar de cada uno de ellos y si es lo que estamos buscando.
El régimen de separación de bienes se utiliza cuando la intención del matrimonio no es crear un patrimonio de forma conjunta. De esta forma, cada uno de ellos puede mantener una independencia económica de la misma manera que lo hacía antes de la boda. Éste tipo de régimen puede ser el más cómodo si la pareja decide divorciarse, ya que no tendrán que preocuparse por repartir sus bienes de forma conjunta.
También es posible mantener un régimen de separación de bienes pero declarar conjunto algún bien, siempre que la decisión sea tomada de mutuo acuerdo.
Mediante un régimen de gananciales, la pareja sí compartirá tanto los bienes que se hayan obtenido a partir del matrimonio como las deudas que puedan contraer cualquiera de ellos. En caso de divorcio, estos bienes se repartirán a partes iguales entre ambos.
En este apartado es importante hacer una referencia a los bienes privativos, es decir, aquellos que pertenecen únicamente a cada cónyuge y por tanto, quedan excluidos de la sociedad de gananciales, como por ejemplo aquellos obtenidos antes de la boda o adquiridos por donación o herencia.
Como ejemplo, podemos imaginar una pareja en la que uno de los cónyuges hubiese adquirido una vivienda antes del matrimonio: en este caso, continuaría siendo suyo tras la boda o divorcio. Si por el contrario, la adquiriese después, se repartiría a partes iguales entre ambos. Si tuviese pagada la mitad de la vivienda antes del matrimonio, dicha mitad sería solamente suya, y el otro 50% que se terminase de pagar después pertenecería a ambos.
Elegir entre un tipo de régimen u otro depende mucho de cada matrimonio, pero siempre es recomendable conocer qué es lo que ofrece cada uno de ellos y qué puede suponer para nosotros y nuestra pareja en un futuro. Aunque a día de hoy muchos matrimonios continúen aceptando el régimen que se les impone por defecto, cada vez son más los que deciden elegir por sí mismos cómo quieren compartir sus bienes, ganancias y pérdidas.

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