Ser responsables al pedir dinero al banco

en materia de crédito nos tenemos que volver personas muy responsables

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Debería ser el banco o entidad de crédito la principal preocupada y ocupada en analizar de forma concienzuda la capacidad de los solicitantes de financiación personal de poder devolver el dinero, pagar las comisiones y los intereses adecuadamente. En otras palabras, de aprobar los créditos de forma responsable.


Sin embargo, no podemos dejar esta función solo en manos de entidades que nos han demostrado que, por dejadez, falta de tiempo o de interés, han aprobado de forma generalizada préstamos a clientes cuya estabilidad laboral no era la adecuada. Dado que al pedir un crédito respondemos de la deuda con todo nuestro patrimonio presente y futuro (no solo con la nómina, como se suele creer), al igual que ocurre con los posibles avalistas de la operación, debemos ser capaces de analizar nuestra capacidad de reembolso.

Para evitar que la próxima burbuja nos estalle en la cara, que sin duda en un futuro volverá a producirse alguna, en materia de crédito nos tenemos que volver personas muy responsables. La idea de que "si el banco me concede el préstamo es porque lo puedo pagar" se ha de desterrar de nuestra mente. Los bancos piensan más a corto que a largo plazo y, además, intentan blindar sus préstamos, sea con avalistas, sea con garantías inmobiliarias que se pueden adjudicar al 50 0 70% de su tasación. Nos jugamos todo nuestro patrimonio, pidiendo un crédito personal, una hipoteca o, incluso, tirando de tarjeta de crédito; por tanto, seamos los más responsables al pedir dinero.

Lo primero que tenemos que plantearnos es la necesidad y sentido de pedir el crédito. Solicitar financiación para adquirir un vehículo para trabajar tiene, normalmente mucho sentido. Pedir un crédito rápido para refinanciar deudas de tarjeta y otros préstamos personales, normalmente ninguno. Deberíamos ser capaces de "denegarnos" nosotros mismos el crédito, si tenemos sospechas de que no podremos devolverlo. A veces el problema no se soluciona, incluso se agrava, con financiación; si, por ejemplo, lo que ocurre es que tenemos más gastos que ingresos, lo que debemos hacer es centrarnos en revertir esta situación, no pedir dinero para compensarla (salvo que la situación sea circunstancial sin duda alguna).

Por otro lado, tenemos que hacer un ejercicio de responsabilidad y calcular adecuadamente nuestra capacidad de reembolso. Como regla general, la cuota del préstamo que pedimos no debería superar el 30% de nuestros ingresos netos, descontado el pago de otros préstamos o tarjetas. Como regla general, ya que hay muchos casos a tener en cuenta; uno sabe lo que ingresa cada mes y lo que le sobra a final de mes. Si no basta para pagar la cuota, no deberíamos pedir crédito alguno.

Otro punto muy importante a tener en cuenta es qué pasa si nos quedamos sin ingresos o se reducen de forma importante. Uno de los factores claves es disponer de familia que pueda hacer frente a la cuota durante un tiempo. Nuestra estabilidad laboral o capacidad de obtener nuevos ingresos es también muy importante.

Ser personas responsables al solicitar financiación a  una entidad bancaria es la clave del éxito financiero. Formarse, informarse, analizar y contratar, en definitiva. En iAhorro.com tratamos de dar herramientas para ello, como las guías gratuitas del ahorro.


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