Tres métodos de ahorro para ahorrar desde Enero

¿Tienes 52 semanas? Tienes 1.378 euros

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Ya llevamos unos cuantos días de enero, ya hemos asentado la rutina de nuevo, hemos asimilado los turrones y mazapanes y empezamos este nuevo año con toda la energía posible. Sí, es el momento en el que nos encontramos en plena subida de la cuesta de enero y el ahorro podría ser una utopía. Pero mejor planteárselo desde el primer mes del año, por poco que se pueda ahorrar, porque si lo posponemos, no lo haremos nunca.

La tasa de ahorro de las familias españolas sigue siendo una asignatura  pendiente, el último dato (relativo al tercer trimestre de 2016) la sitúa en el 1,8% de la renta disponible, mientras que en ese mismo trimestre de 2015, la tasa estaba en el 2,8%, un punto porcentual por encima.

Pues bien, para mejorar esto, proponemos tres métodos que podrían convertirse en el Santo Grial del ahorro para cada uno y que nos acompañe año tras año si nos funciona (más allá del de guardar los céntimos que se nos vayan acumulando en el monedero por ejemplo).

¿Tienes 52 semanas? Tienes 1.378 euros


Las 52 semanas que componen 1 año son la hoja de ruta. Un método que reside en su simpleza y sobre todo en su constancia.

Este método consiste en el ahorro semanal. Cada semana ahorraremos una cantidad de dinero que vendrá determinada por el número de semana que sea. Es decir, en la primera semana, ahorraremos 1€, en la segunda 2€, en la tercera 3€, y así sucesivamente hasta llegar a la semana número 52, en la que meteremos en la hucha o en la cuenta, 52€. Este ahorro acumulativo semanal nos reportará un ahorro anual de 1.378€ si lo hacemos rigurosamente cada semana. ¿Nada mal, verdad?

Otra opción es optar por la variante inversa, es decir, empezar ahorrando 52€ en la primera semana, 51€ en la segunda, 50€ en la tercera y así hasta llegar a la semana número 52 que ahorraremos 1€. Es cuestión de elegir la opción que nos sea más cómoda.

Si eres fiel al dinero en efectivo, puedes ir almacenándolo en una gran hucha, y cuando tengas una cantidad importante, ir a ingresarla al banco, o bien, puedes abrir una cuenta bancaria específicamente para este método (recomendamos aquella que no cobre comisiones de apertura ni mantenimiento, y si encima es remunerada y nos aporta rentabilidad al dinero ahorrado, mejor que mejor.

Harv Eker y su método por porcentajes


Proviene del libro “Los secretos de la mente millonaria, escrito por T. Harv Eker y lo que propone este autor es un reparto de los ingresos mensuales según porcentajes que varían según la partida de gasto en cuestión.

Lo que propone Harv Eker es repartir los ingresos de la siguiente forma: 55% de los ingresos para cubrir las necesidades básicas (casa, electricidad, agua, gas, alimentación…), un 10% para el ahorro (con la premisa de que este dinero no pueda ser tocado, ahí se conseguirá el ahorro, sin hacer concesiones innecesarias), un 10% para inversiones a largo plazo (inversiones entendidas como proyectos a largo plazo, no necesariamente invertir en productos de ahorro), otro 10% para la formación de uno mismo (libros, museos, cursos…), un 10% para destinarlo en uno mismo, en nuestros propios gustos, en ocio y disfrute, para los caprichos. Y finalmente un 5% para destinarlo a la caridad, para donativos.

Japón nos trae Kakebo


No es más que tirar de un libro de contabilidad, como el de “toda la vida”. Este método tiene su origen en 1904, en Japón y básicamente consiste en tomar conciencia de cada gasto que tenemos y enfrentarlo a los ingresos reales que tenemos. Se trata de un método constante que refleja al detalle cada gasto y permite hacer un balance de en qué hemos gastado cada céntimo, pudiendo reflexionar (al verlo plasmado en el papel) sobre qué es prescindible.

Cada gasto se categoriza, y al final de mes en el balance podremos conocer cuáles han sido los gastos más superfluos y por lo tanto que podemos eliminar, lo que supone un ahorro. Lo cierto es que requiere de rigurosidad y constancia, conviene apuntar cada gasto, desde los más grandes (hipoteca, alquiler, luz, agua…) hasta los más pequeños como el café en la máquina de la oficina o la barra de pan.

El objetivo de estos métodos, así como de cualquier otro (todos son válidos si consiguen hacer que ahorremos) es que ahorrar no suponga un esfuerzo estoico y heroico, sino que el hecho de destinar una parcela de los ingresos (mayor o menor, según la posibilidad de cada uno) se convierta en un hábito más y facilite el ahorrar dinero. Podrás elegir uno de estos o cualquier otro como decimos, pero elige aquel que mejor se adapte a tu estilo de vida e ingresos.

 

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