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Independizarse sin morir (económicamente) en el intento

Valora tu situación económica

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Según el último boletín del Observatorio de Emancipación del Consejo de la Juventud de España (CJE) correspondiente al segundo semestre de 2016, la tasa de emancipación de las personas de entre 16 y 29 años es del 19,5%. Es decir, prácticamente 8 de cada 10 jóvenes siguen viviendo en casa de sus padres. Ante estos datos, queda claro que independizarse cada vez resulta más complicado y puede llegar incluso a concebirse como una idea utópica en España en los últimos tiempos.

Es posible que durante tu época universitaria ya hayas experimentado lo que es vivir fuera de casa, pero ten en cuenta que independizarse va un paso más allá de dejar de vivir con tus padres. Emanciparse implica tener la capacidad económica suficiente para costear todos los gastos que supone vivir por cuenta propia. Según el boletín del CJE, una persona joven debería destinar el 57,9% de su salario para poder comprar una casa propia y, en caso de alquilar un piso, este porcentaje ascendería al 69,3%. Por ello, no es de extrañar que ante la actual situación de desempleo, la falta de solvencia sea una de las principales causas por las que los jóvenes no pueden abandonar el nido.

Decidir marcharse de casa, con todas las consecuencias que esto supone, no es una decisión sencilla. La primera premisa que debes tener en cuenta es que, para poder llevarlo a cabo, necesitarás tener una fuente estable de ingresos. ¿Eres capaz de afrontar el reto que supone? Si la respuesta es sí, sigue leyendo, desde iAhorro queremos darte las claves para independizarte y no morir (económicamente) en el intento.

Valora tu situación económica


Antes de lanzarte a vivir fuera de casa por tus propios medios, debes saber cuáles son tus gastos fijos mensuales – contrato de telefonía móvil o la cuota del gimnasio, entre otros - y cuál es tu nivel de ingresos. De esta manera podrás hacer un cálculo aproximado para saber si puedes permitirte un alquiler o una cuota hipotecaria mensual. Ten en cuenta también que tener tu propia casa implicará otros gastos fijos como las facturas de la luz, el agua o la calefacción.

Para tener una visión más amplia y realista de tus gastos e ingresos, puedes revisar los movimientos de tu cuenta y anotarlos todos. Para facilitarte esta tarea y no recurrir al lápiz y al papel, existen diversas aplicaciones que te permitirán llevar un registro detallado como Mooverang, Monify o Wallet.

¿Alquilar o comprar?


La respuesta es bastante clara en este punto: en un primer momento lo mejor es irse a vivir de alquiler, al menos mientras no tengamos un trabajo estable o unos ingresos altos que nos garanticen poder hacer frente a una hipoteca a largo plazo.

Una vez que tengas claro cuánto dinero puedes destinar al alquiler, deberás ver cuál es la zona de la ciudad en la que puedes permitirte vivir: sé flexible y realista en este sentido. A la hora de alquilar un piso, lo mejor es compartirlo con tu pareja, amigos e incluso con desconocidos: piensa que es una manera de repartir ciertos gastos como las facturas de la luz o el agua. Además, tampoco tendrás que pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) o la cuota mensual de la comunidad, ya que los propietarios tienen la obligación de hacerse cargo de estos pagos. Generalmente, estos también deberían pagar las derramas por obras y reformas de la vivienda; no obstante, esto tendrá que quedar especificado en las cláusulas del contrato.

Hazte amigo del ahorro


Cada céntimo cuenta y te darás cuenta de que es el momento de aplicar todos los pequeños trucos de ahorro que has visto utilizar a tus padres tan a menudo. Ahora vas a vivir solo y todo depende de ti. Intenta adoptar ciertas rutinas domésticas como desconectar los aparatos que no estés utilizando – cuidado con el standby -; revisar si has dejado alguna luz encendida antes de salir de casa; o cortar determinados suministros como la caldera o el agua si te marchas durante un largo periodo de tiempo.

También hay que incluir la cesta de la compra como un gasto fijo mensual y establecer un límite máximo: utiliza cupones y descuentos, ve siempre al supermercado más barato y no pagues por las bolsas para llevar los productos.

Otra de las cosas que debes tener en cuenta es establecer qué servicios son realmente necesarios en tu hogar y, en caso de aquellos que lo sean, debes revisar si las tarifas de estos se ajustan realmente a lo que estás utilizando: es muy habitual tener contratada una potencia eléctrica mayor a la que necesitamos o una tarifa móvil con minutos de llamadas ilimitados que nunca usamos.


 

Sobre el autor del artículo.


Graduada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Salamanca. Inmersa en el mundo del ahorro y las finanzas como colaboradora de iAhorro desde 2016.

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